25 may. 2018

El viaje de Chéjov - Ian Watson

En 1890 el archiconocido literato ruso Antón P. Chéjov atravesó Siberia con rumbo a Sajalín. Rusia había establecido una colonia penitenciaria en dicha isla situada al norte del archipiélago de Japón, y el objetivo del escritor era estudiar y documentar la realidad de la misma. Sin embargo cuando aún estaba a mitad de camino tuvo noticia de un extraño fenómeno ocurrido en Tunguska un par de años antes. Una explosión de origen desconocido y una potencia inconcebible para la época destruyó una enorme zona de la taiga a mediados de 1888. Así que se decide a montar una expedición con  ayuda de la nobleza local de la pequeña ciudad donde está haciendo un alto en el camino. Pero espera un momento, el incidente de Tunguska tuvo lugar en 1908, no en 1888 según se plantea en la trama. ¿Cómo es posible entonces que pudiera ocurrir lo que se relata? ¿Y qué tiene que ver con todo ello un grupo de cineastas, guionistas y actores rusos que a principios de los 1980s está ultimando los detalles del rodaje de una película llamada El viaje de Chéjov, con la que pretenden llevar al celuloide precisamente su aventura de Saljalín?

Ian Watson vuelve a componer una fascinante novela de ciencia-ficción que partiendo de hechos reales, juega con la posibilidad de existencia de universos alternativos en que la Historia se desarrolla siguiendo cursos diferentes al que conocemos. Sin embargo no voy a ocultar que he estado algo perdido durante el primer tercio de la narración. Me ha costado un poco entrar en los diferentes hilos argumentales, que alternan principalmente entre el relato del viaje del autor ruso y la trama del equipo de rodaje, que además de personal técnico y artístico incluye a un misterioso doctor en psiquiatría especialista en la liberación de habilidades mediante la hipnosis. Posteriormente se suma una tercera historia que nos cuenta el que va a ser el primer intento de colonización de mundos habitables por parte de la URSS, viable a finales del S.XXI gracias a una tecnología que permite los viajes espaciales sublumínicos gracias al control de los flujos del tiempo. Paradójicamente es este tercer hilo el que de pronto conseguirá que todas la piezas del puzzle encajen y que el texto cobre sentido en su globalidad, en uno de esos momentos mágicos que algunos autores logran con sus novelas.

Además de los elementos históricos y especulativos, la acción está repleta de elementos humorísticos desmadrados y divertidísimos. En definitiva se trata de un libro muy entretenido, planificado y ejecutado sin tachas, y con una trama súper original. La única objeción que puedo ponerle viene por los constantes laísmos que he detectado en la traducción (impecable por lo demás, aunque con algunos modismos demasiado propios de español europeo). Como ya veía venir, creo que he acertado al 100% en mis predicciones sobre la calidad de la obra del británico, de quien de pronto empiezo a descubrir que se ha (re)editado mucho material recientemente. Así que mis queridos lectores, es oficial: tengo nuevo autor fetiche que incorporar a la lista. Y me quedan casi todos sus títulos por leer. ¿No os parece que la vida es en ocasiones maravillosa? Tenéis una reseña estupenda de esta novela en El quimérico lector, donde se nota la admiracion que el redactor profesa a este escritor. Y otra más en el Sitio de Ciencia-ficción, donde leemos que también ha convencido a un aficionado al género algo reacio a Watson.

21 may. 2018

El día eterno - James G. Ballard

Aprovechando que la red de bibliotecas públicas de la Comunidad de Madrid tiene un catálogo de lo más completo, he vuelto a picar con uno de esos títulos prácticamente inencontrables de James G. Ballard (aunque este en concreto se puede conseguir de segunda mano; en La casa del libro hay uno por 30€ y en amazon otro por más de 350€, ¡glups!). El día eterno es una recopilación de relatos cortos de ciencia-ficción y género fantástico que según se indica en el propio volumen ya habían sido recopilados con anterioridad por Minotauro en otras antologías (excepto un par de ellos). Como hace mucho que no incluyo los títulos, aprovecho esta ocasión para hacerlo informando además de en qué otros libros aparecen:

Ocurre además que el título Playa terminal hace referencia a dos ediciones distintas que recopilan cuentos diferentes. La que yo he leído es la más reciente (1987) y ninguno de los doce cuentos que recoge están en los de esta compilación. Por tanto para mí son todos novedades, aunque tampoco es que cuatro años después hubiera podido acordarme de 'El último mundo del señor Goddard' y 'La tarde repentina' en caso de que hubiera leído el otro.

Los nueve cuentos están fechados entre finales de los 1950s y mediados de los 1960s, uno de los periodos más fructíferos del autor. El tono general de los mismos es el habitual de su obra, esto es, historias asfixiantes sobre personajes extraños en mundos que experimentan cambios fuera de lo común. Así, en 'El día eterno' la rotación de la Tierra se ha detenido, haciendo que sus habitantes deambulen por toda su superficie desolada buscando un lugar donde poder conciliar el sueño. La presencia de la memoria de las diferentes eras geológicas de la Tierra en un fósil marino da cuerpo a 'Prisionero de los abismos de coral'. Unos viajeros espaciales varados en un planeta desierto donde los recuerdos se materializan es el telón de fondo de 'Mañana es un millón de años'. Una angustiosa vengaza la de 'El piso 99'. Muchos misterios sobre el universo y sus posibles habitantes nos esperan en 'Zona de espera'. 'El último mundo del señor Goddard' es un ejemplo perfecto de cuento fantástico con un protagonista que controla a su pueblo y vecinos mediante una maqueta del mismo. 'El asesino bondadoso' desarrolla una paradoja clásica de los viajes en el tiempo. En 'La tarde repentina' los extraordinarios conocimientos de las ramas más oscuras del yoga permiten a un médico hindú evitar las consecuencias de un crimen. Por último 'Los locos' plantea una distopía en que un gobierno totalitario ha prohibido el ejercicio de la psiquiatría en aras del respeto a la libertad del individuo.

No voy a decir que sean sus mejores cuentos (en global me gustó mucho más Las voces del tiempo), pero no es fácil encontrar un Ballard malo. En todo caso me muero de ganas de que Alianza Editorial publique de nuevo a este autor y sus Cuentos completos, noticia que lleva dando vueltas por la red casi dos años. A ver si de una vez se hace justicia con la obra breve del británico. De momento la web de esta editorial ya indica que Rascacielos está disponible, aunque a fecha de hoy yo no he conseguido verlo ni en amazon ni en La casa del libro. Tenéis más reseñas de esta edición en particular en Authomathic for the people y KMX Magazine, aunque esta última apenas son cuatro frases.

16 may. 2018

Middlesex - Jeffrey Eugenides

En Middlesex comparten espacio dos hilos argumentales simultáneos. Por un lado está la saga familiar de los Stephanides, fundada por Lefty y Desdémona a principios de los 1920s tras emigrar desde Grecia a EEUU huyendo de las barbaries de la Guerra greco-turca. Una vez en Norteamérica se instalan en Detroit porque allí reside una prima de ambos, Lina Zizmo. En dicha ciudad vivirán, trabajarán y tendrán a sus hijos, y éstos a su vez, los suyos. Su nieta Calliope será la narradora de la historia familiar, aunque para sorpresa del lector, en el momento de la narración y con algo más de cuarenta años, Callie ya no es una chica, sino un hombre, Cal. Debido a un problema genético el protagonista nació con genitales ambiguos de aspecto femenino y los testículos y demás gónadas masculinas ocultas. Tras el nacimiento del bebé, el médico que atendió el parto hizo una exploración rutinaria y superficial que no detectó este hecho, con lo cual se entendió que se trataba de una niña y como tal fue criada. Sin embargo con la llegada de la pubertad y el aumento de testosterona que la acompaña se hizo patente su verdadero sexo e identidad de género, lo que llevó a la hasta entonces jovencita a tomar la decisión de pasar a ser un hombre.

No voy a andarme por las ramas: esta novela de Jeffrie Eugenides es tan entretenida como insustancial. Ya solo el título se queda en poco más que pretencioso aunque tiene la intención de ser sugerente y jugar con el doble sentido (podríamos traducir literalmente middlesex por 'sexo intermedio', al margen de ser el nombre de la calle del barrio residencial donde Callie vive con sus padres). Es verdad que se tratan muchos temas delicados, pero quien mucho abarca poco aprieta. ¡Ah, ese refranero español, cuánta sabiduría encierra! Quizás si este escritor se hubiera centrado en algún tema y lo hubiera tratado con más profundidad el texto habría ganado empaque. Pero no, tenía que tocar todos los palos posibles para hacer una especie de epopeya carente de interés pero que potencialmente tiene algo para todo el mundo. Incesto, conflictos armados, emigración, EEUU como la tierra de las oportunidades que no lo es tanto, activismos políticos y de minorías sexuales y raciales, amor, religión, historia contemporánea, el crecimiento como persona, la aceptación de uno mismo, etc.

Un vistazo rápido a la página del libro en la Wikipedia en inglés confirma algo que su apellido ya me hacía sospechar: Eugenides es de origen griego y además nació y se crió en Detroit. Hay por tanto mucho de autobiográfico en estas páginas. Sin embargo, la intersexualidad de Callie, que es lo que le otorga la originalidad, es lo que menos creíble resulta. Un descubrimiento tan traumático sobre un aspecto determinante a la hora de definir la realidad del ser humano, y que encima ocurre en una época tan delicada para el protagonista, tiene por contra un peso secundario en la acción. La trama se desarrolla en tres cuartas partes con Cal relatando la odisea familiar, con los abuelos, los tíos abuelos, los padres, los tíos, los primos, toda la parentela y no nos olvidemos de los trabajos, los golpes del destino, bla, bla. A esto hay que superponer brevísimas pinceladas de la vida adulta de Cal en su actual residencia en Berlín (más referencias autobiográficas). Es solo en el cuarto final del libro cuando el escritor intenta desarrollar el conflicto del protagonista, pero en mi opinión falla estrepitosamente. Todas las dificultades del paso por la pubertad de Callie durante principos de los 1970s tienen las carencias propias de alguien que no ha pasado por ese proceso y que por tanto, no puede transmitir la angustia que se debe experimentar. Yo iba leyendo y era incapaz de creerme nada, ¡qué poco gracejo, qué poco chiste! Aunque también puede ser que haya querido ahorrarse los detalles más morbosos y escabrosos para no caer en el drama. O bien simplemente que Eugenides carezca del talento suficiente para hacerlo aunque conozca de primera mano de qué está hablando (que conste en acta que esto último no me lo creo, pero lo pongo aquí para evitarme la vergüenza si dentro de unos años el escritor decide salir del armario y confesar que es intersexual).

En definitiva, fácil de leer pero con personajes y situaciones triviales. Lo que es a mí, no me ha emocionado ni en una sola página, ¡ni una sola! Ahora bien, ya sabemos cómo son estas cosas. Para empezar la novela ganó el premio Pulitzer y para continuar las reseñas en la blogosfera son de lo más elogioso (por poner algunas: A través de otro espejo, Kaleidoscope, MarinaEscribe, Un libro al día). Así que para equilibrar un poco la balanza, aquí queda la mía.

7 may. 2018

Nicht beendet

Tengo buenas tragaderas para terminar libros, así que por lo general acabo casi todo lo que empiezo. Me cueste más o me cueste menos, suelo llegar hasta el final porque una novela que no he ha gustado me da mucho juego a la hora de soltar improperios en la reseña correspondiente. Me relaja, incluso me puede llegar a compensar cuando el autor es admirado por el público (me viene Vargas Llosa a la cabeza sin tener que pensar demasiado). Pero ocurre que desde mediados de marzo estoy viviendo un momento bastante convulso en lo personal, con varios frentes abiertos que me tienen los nervios desquiciados. Asi que llevo varios abandonos acumulados desde hace algo más de un mes, sin haber pasado más allá del capítulo dos en todos los casos. Ahí va la lista:

Andaba yo buscando en la biblioteca Sorgo rojo del Nobel chino Mo Yang y como en aquel momento no recordaba su nombre, hice una búsqueda por título en el catálogo. Un artículo determinado de más al que no presté atención provocaron que me llevara a casa El sorgo rojo de Ya Ding. Antes de empezar a leerlo ya había detectado el error, pero pensé, ¡bah, qué más da! Así que me puse con él solo para dejarlo a las pocas páginas. Una familia campesina que se traslada a un pueblo donde el padre va a ejercer de enlace con el partido comunista chino. Todo ello relatado por el hijo pequeño. No sé si el libro será bueno o malo, pero no me apetecía nada meterme en esa historia. Por cierto que en las últimas ediciones, el libro del Nobel de 2012 se titula El clan del sorgo rojo, algo que puede ayudar a evitar confusiones como la que sufrí yo.

Clarice Lispector es otra autora con excelentes referencias que descubrí cuando buscaba información sobre Lucia Berlin. Me dije, venga, voy a leer algo suyo, pero como siempre en mis tomas de contacto, que no sea muy voluminoso. El título (des)afortunado fue La pasión según G. H. Insoportable, un constante reflexionar sobre algo intangible, inasible, inconcebible. Renuncié antes de la página 30. ¿Volveré a intentarlo de nuevo? En lo que queda de 2018 no creo.

En una de mis habituales incursiones en La casquería del mercado de San Fernando me hice con La hora de la cerveza, primer volumen de la Trilogía malaya de Anthony Burgess. Ambientado en alguna colonia del imperio cuando ya le quedaban pocos años por mantener dicho estatus, está repleta de términos en diferentes idiomas locales que obligan a consultar el glosario a cada poco. Supongo que al escritor le parecería que algo así aportaría veracidad y originalidad al crisol de razas y lenguas que bla, bla, bla. A mí me saturó desde el capítulo uno. En el dos la cosa seguía igual y puesto que mi retentiva para recordar los significados era nula, lo devolví a la estantería donde estaba y allí sigue a día de hoy.

Empiezo a leer Hozuki. La libreria de Mitsuko de Aki Shimazaki y tras dos capítulos no encuentro nada que me despierte mínimamente el interés. La protagonista es una madre soltera que vive con su madre e hija pequeña (¿o era hijo?) en la planta superior de la librería que regenta. Añade una reflexión completísima sobre la elección y el significado del nombre del comercio, sin olvidar mencionar las razones por que escogió escribirlo en caracteres kanji frente a la escritura silábica del japonés (o al revés, no me acuerdo), y para mí fue suficiente para decir: hasta aquí hemos llegado.

28 abr. 2018

La máquina blanda - William S. Burroughs

La máquina blanda es un ejemplo de la técnica literaria experimental cut-up que tanto gustó a William S. Burrougs, quien la empleó en varias de sus obras. El aire general de la novela (de alguna forma hay que denominar a este texto), es muy parecido al de El amuerzo desnudo pero más incomprensible aún debido a que a los desvaríos de drogadicto a que asistíamos allí hay que sumar el factor aleatorio que introduce el hecho de hacer recortes de frases y cambiarlas al azar.
«A la libertad por la aguja, muchachos»
Efectivamente, la narración expone muchas experiencias propias de los yonkis, con una glorificación del uso de estupefacientes y mucho contenido relatando los problemas de los adictos: la inmundicia a que conduce el consumo, el síndrome de abstinencia o las dificultades de conseguir droga por ejemplo.
«No hay. Ven vielnes»
Pero eso es solo al principio. Tras los primeros capítulos la droga pasa a ser un elemento puramente circunstancial y Burroughs cambia de registro. La mayoría del relato lo dedica a desbarrar detallando encuentros homosexuales de todo tipo, con una especial querencia a las prácticas menos convencionales.
«¿Jodo a Johnny por el culo? Así como los perros»
Vuelen a aparecer imágenes enfermizas de animales, recurrentes en sus novelas: escorpiones, ciempiés, cagrejos. Los primeros se relacionan con el consumo vía intravenosa trazando un paralelismo entre jeringuilla y aguijón. Los segundos devoran a sus víctimas humanas gracias a su tamaño gigantesco. Asocia los terceros con los parásitos, ¿tal vez jugando con el doble sentido del término inglés crabs: cangrejos/ladillas?
«Johnny abajo pantalones»
Hay muchas repeticiones de términos que aparecen con una frecuencia tal, que imprimen un cierto ritmo y musicalidad demencial a la lectura. Muchachos Verdes. Panamá. 1910s. Mucosa rectal 1920s. Jabón carbónico.
«Respira hondo, Johnny. Allá voy»
También los signos ortográficos se usan al margen de las convenciones. minúsculas después de un punto ausencia de comas que obligan al lector a encontrar las pausas para que las frases cobren sentido-Guiones que sustituyen al punto como elementos de separación.
«Así como peeeerrrossss»
En la parte central del libro aparecen dos/tres capítulos ('La treta Maya' y siguientes) que son lo más inteligible de todo el texto. Una historia de ciencia-ficción con viajes en el tiempo que permitirán al protagonista de la misma derrocar a la élite de sacerdotes mayas que controla el pronóstico del tiempo, marcando así la realización de tareas agrícolas que permitirán que la cosecha sea productiva o se pierda.
«Te corres, Johnny»
Pero no nos engañemos. La novela no tiene ni pies ni cabeza. Está llena de escenas homoeróticas. De escenas de muerte y mutilación. De descripciones de folladas en la cárcel, callejones o la selva de Centroamérica. Y de muchos jovencitos ahorcados que tienen erecciones postmorten que acaban en una eyaculación. La verdad es que no hay por donde cogerla, pero a veces, de lo desmadrada y absurda que es, te asombra. No creo que la llegue a recomendar a nadie, pero creo que merece la pena leerla. Tenéis más reseñas en Libros de Olethros y BN fanzine.

24 abr. 2018

Vermilion Sands - James G. Ballard

Vermilion Sands es un resort vacacional irreal donde los mares son de arena con vetas de cuarzo y dan cobijo a rayas blancas voladoras. Veleros y yates con ruedas neumáticas navegan entre islas de geografía surreaslista y arrecifes de piedra que se elevan hacia el cielo como torres góticas de catedrales imposibles. La villas y chalets que componen este complejo turístico están habitadas por una fauna humana compuesta de los muy ricos y famosos, por un lado, y de artistas y profesionales liberales por otro. Escultores que moldean estatuas sónicas o nubes, poetas que generan rimas con Versotranscriptores de IBM, directores de cine abstracto o corofloristas que venden orquídeas cantantes, se mezclan con divas de la música mejoradas con técnicas de ingeniería genética, multimillonarias caprichosas y ególatras o antiguas super modelos retiradas del circuito con apenas treinta años y sedientas de venganza.

Entre 1956 y 1970 James G. Ballard escribió nueve relatos cortos ambientados en una quimérica cuidad de vacaciones que denominó Vermilion Sands (podéis ver la lista completa en la ficha de la Tercera fundación). Recopilados por primera vez en 1971 en un volumen homónimo, resulta imposible no rendirse ante las características únicas de esa extraña topografía repleta de elementos contradictorios. Los nuevos significados que el británico otorga a términos de uso común consiguen crear unos paisajes asombrosos que dejan fuera de combate al lector al demoler la realidad que constituye su marco de referencia habitual. Desde luego si por algo destacan los cuentos, es precisamente por esa ambientación onírica a la que además añade sin tapujos elementos ecológicos y tecnológicos. Casas psicotrópicas construidas con bioplásticos y dotadas de células sensorias (sic) capaces de modificar su estructura según el humor de sus habitantes. Biotelas que permiten a la ropa responder a los estímulos nerviosos de las personas que las visten. ¡Un diez en originalidad para Ballard!

Ahora bien, respecto a los cuentos, no cuesta advertir que todos repiten un mismo modelo argumental. Un protagonista masculino que vive en Vermilion Sands. Por lo general artista o profesional independiente. Una mujer misteriosa se instala en esta localidad y rápidamente hace tambalear la vida del héroe. Surge la pasión, el sexo, tal vez el amor. El lastre emocional que acarrea la parte femenina de la historia la lleva a cometer una acción desquiciada y peligrosa que provocan la ruptura de la pareja. La peculiar dama desaparece de escena tan enigmáticamente como surgió en primer lugar. El personaje masculino sigue con su vida preguntándose qué habrá sido de ella. Fin. Ya sé que visto así, no parece que los textos estén muy elaborados, pero lo cierto es que los elementos contextuales son tan asombrosos que los nueve relatos se leen que es un gusto. Pero claro, a fecha de publicación de esta crítica, Ballard es el segundo autor más reseñado en Das Bücherregal, así que supongo que a nadie le sorprenderá que haya disfrutado cada frase de esta fascinante antología. Tenéis más reseñas en Lecturas errantes y El mundo de Yarhel. Por cierto que las dos son tan entusiastas como la mía.

20 abr. 2018

Manchada de sangre - Dan Wickline y Ben Templesmith

En un futuro próximo aunque indeterminado, Kenji ha sido criado siguiendo el estricto código ético de los samuráis. Un día recibe la noticia de que su padre, alto directivo de una multinacional con sede en EEUU, ha completado el ritual del seppuku para morir con honor cuando se descubrió que era responsable de una apropiación irregular de activos de la compañía. Nuestro protagonista viaja entonces a Seattle para encargarse del traslado del cuerpo a Japón y de paso encontrar a los responsables de su muerte, ya que le resulta imposible creer que su padre sea culpable de un crimen que va totalmente en contra del bushidō.

Manchada de sangre es una historia breve y predecible que a pesar la simpleza del guión, resulta muy atractiva principalmente por el efectista apartado gráfico. Los elementos de ciencia-ficción en realidad no tienen casi peso, apenas algún que otro vehículo volador que podría haberse sustituido sin problema por una moto de gran cilindrada sin que el resultado se hubiera visto afectado lo más mínimo. No se puede decir que el norteamericano Dan Wickline se haya roto los cuernos para escribir la trama. Ahora bien, el trabajo de ilustración del australiano Ben Templesmith me ha parecido espectacular. Su estilo es fingidamente desaliñado, desgarbado, como si apenas le bastara con trabajar unos monigotes que no terminan de estar del todo definidos. Las perspectivas no están cuidadas. Los onomatopeyas parecen garrapateadas por crios que están aprendiendo a coger los lápices. Da la impresión de que ha aplicado los colores de los elementos de la viñeta y de los fondos con prisa, sin mucho interés y por dejarlo solo mínimamente presentable. Y a medida que lo percibes te das cuenta de que su mayor atractivo es precisamene ese aspecto general de descuido. Prueba más que evidente por otro lado del gran talento de este artista. Sorprende también que no tenga reparos en emplear algún tipo técnica de de postprocesado digital para conseguir un efecto de desenfoque muy artificioso, pero que resulta brillante en los golpes y las escenas de peleas.

Poco más que añadir, la verdad es que el tomo no llega ni a las 50 páginas pero su lectura resulta un placer a nivel visual. Curioseando Internet he descubierto que tanto Wickline como Templesmith participaron en el cómic 30 Days of Night, que yo conocía a través de la infravalorada adaptación homónima a la gran pantalla 30 días de oscuridad (David Slade, 2007). También os la recomiendo si como yo, sois aficionados al género de terror y a las películas de vampiros. Tenéis otra reseña de este pequeño volumen en Ocio zero. EStá más trabajada que la mía pero viene a decir poco más o menos lo mismo.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...