30 jun. 2013

El Desbarrancadero - Fernando Vallejo

En El Desbarrancadero Fernando Vallejo mezcla elementos autobiográficos y de ficción para crear una preciosa y cruda historia de amor fraternal. Narrada por él mismo en primera persona, se exponen sin sutileza alguna sus desesperados intentos por lograr que su hermano Darío, ya en los últimos estadios del SIDA, sobrelleve esos terribles días finales lo mejor posible. La relación íntima y de gran confianza que mantienen se fundamenta por un lado en que son los dos hermanos mayores y por otro en que han compartido muchas correrías durante su juventud: alcohol, drogas, sexo con jovencitos, viajes, estancias en el extranjero, etc. Sin embargo frente a este cariño incondicional se contrapone la antipatía y desprecio que el narrador profesa a su madre y el menor de sus... ¡23 hermanos! Evidentemente éste es uno de los elementos ideados por el autor(1), que juega a confundirnos combinando hechos reales con otros inventados, pero que le son útiles para llevar al lector a situaciones límite. Excepto estos dos casos, el escritor nos habla de muchos de sus familiares (hermanos y hermanas, cuñados, una de sus abuelas, etc.) con muchísimo afecto y dejándonos ver que son unas personas estupendas con unos ideales excelentes. Especialmente emotivo y sobrecogedor es el relato de la muerte de su padre, tan solo unos meses antes que la de Darío.

Por otro lado, Vallejo aprovecha el texto para dar rienda suelta a su misantropía y criticar despiadadamente todo aquello que aborrece de la humanidad: la religión católica y el Papa, la crueldad con los animales, la necia procreación incontrolada del hombre que amenaza al planeta, los políticos y su falsedad, y cómo no su país, Colombia. Incluso España se lleva un buen repaso. Sus insultos y su agresividad puede que resulten ofensivos según a quién, pero desde luego bajo mi punto de vista, todo, todo, todo lo que pone en la picota está completamente justificado y es contrastable con datos y cifras, así que ha resultado un placer leerlo.

Hay una crítica fantástica de esta novela en Letras Libres, pero como hay bastantes reseñas en Internet, os recomiendo también La antigua Biblos.

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(1) La entrada en la Wikipedia sobre este autor nos informa que en realidad en su familia son 9 hermanos.

26 jun. 2013

El Pan de los Años mozos - Heinrich Böll

Más obras de Heinrich Böll a la buchaca. El Pan de los Años mozos es una novela corta que se desarrolla en Alemania en los años miserables de la postguerra. Al igual que en Opiniones de un Payaso, la acción transcurren a lo largo de un solo día, en esta ocasión se trata de un lunes que se nos presenta sombrío, inútil y deprimente. El protagonista es Walter Fendrich, un joven de veintipocos años que lleva varios años ya en una gran ciudad (¿Colonia?) y que tras saltar de trabajo en trabajo parece haberse estabilizado laboralmente reparando lavadoras, un negocio bastante boyante a juzgar por la cantidad de avisos que ha de atender, sábados y domingos incluídos. En retrospectiva, al joven Fendrich la vida que ha llevado hasta este lunes le resulta bastante insoportable. El hambre que ha sufrido desde que está en la capital simboliza la desesperación y la angustia de la supervivencia. Durante su corta vida se ha visto obligado a robar y mendigar solo para conseguir un poco de pan, un alimento básico que sin embargo para él se transforma en la expresión de la felicidad, pues algo tan simple como una hogaza le permite llenar el estómago y conocer un poco de paz. Este lunes tiene además que ir a recoger a la estación de tren a Hedwig Muller, una jovencita de su pueblo natal que en breve empezará a trabajar como profesora en la gran urbe. Así que harto de vérselas con electrodomésticos defectuosos, hoy decide no hacer ninguna reparación y simplemente acude a la estación a por ella. Cuando Walter ve a Hedwig el flechazo es inmediato y de pronto, ante sus ojos toma forma una nueva y fascinante vida en compañía de su antigua vecina, que a pesar de todo, sigue estando llena de incógnitas.

El relato es típico de Böll, con personajes llenos de conflictos y denunciando en cada párrafo las miserias humanas que con tanta facilidad surgen en épocas difíciles. En comparación con otras de sus novelas, es mucho más ligero y fácil de leer, y no solo porque su extensión sea mucho menor (se puede dar cuenta de él en una sentada). Sin embargo tiene todo lo bueno del Nobel alemán, como por ejemplo unos diálogos despiadados en los que se ponen sobre la mesa todas las mezquindades y desgracias que las personas sufren y hacen sufrir a los demás. Cuando Fendrich va a romper con Ulla Wickweber, la que hasta este lunes era su novia y que además, es la hija de su jefe, asistimos a uno de los enfrentamientos dialécticos más devastadores que recuerdo haber leído últimamente.

En fin, una buena opción para tomar contacto con Böll para quien no le conozca. Sin llegar al grado de profundidad y exigencia de sus obras más populares, tiene todas las características de su producción. He encontrado muy pocas reseñas de esta novela corta, quizás debido a hasta hace poco estaba descatalogado (RBA lo ha vuelto a editar hace poco más de un año), así que en esta ocasión sólo os puedo sugerir echar un vistazo al post de Me Libro.

23 jun. 2013

Aire de Dylan - Enrique Vila-Matas

Animado por un lado por las reseñas que iba leyendo, y por otro por la buena impresión que me causó Doctor Pasavento hace solo unos meses, me decidí a comprar el último lanzamiento de Enrique Vila-Matas poniendome como excusa ampliar mis lecturas más allá de todas las antiguallas (clásicos quiero decir, perdón) de la ciencia-ficción que tanto me gustan y que suponen un amplísimo porcentaje del fondo de posts de este blog. Hasta ahora mi única experiencia con el autor barcelonés me había dejado la duda de saber si toda su producción sería esa mezcla, extraña pero atractiva, de narrativa y ensayo. Pues bien, no es el caso, Aire de Dylan es una novela fantástica en donde Vila-Matas derrocha una imaginación desbordante y emplea unos excelentes recursos para relatar desde mil perspectivas diferentes una historia original, entretenidísima, y con muchas referencias y homenajes literarios, todo a la vez.

La trama se presenta inicialmente con un toque de misterio e intriga: el famoso y reconocido escritor Juan Lancastre aparece muerto inesperadamente víctima de lo que parece ser un ataque al corazón. Tras el entierro, su hijo Vilnius, que mantenía una relación espantosa con su progenitor y que explota su parecido con Bob Dylan para vivir un poco del cuento, empieza a pensar que ha heredado sus recuerdos y que de cuando en cuando, el fantasma de Lancastre toma posesión de su pensamiento para transmitirle su deseo de venganza, porque su muerte, al contrario de lo que piensan, es resultado de un asesinato. La historia va progresando a base de constantes choques entre la orgullosa exaltación de la indolencia y apatía de Vilnius, quien se autodefine como artista aunque la verdad es que con 30 años cumplidos no ha producido obra de interés (solo un cortometraje), y la cultura del esfuerzo y la dedicación absoluta al trabajo tanto del muerto como del narrador, un escritor cuyo nombre no se revela pero que por sus características recuerda sin remedio a Vila-Matas. Este narrador, harto de ficcionar (esto es, mentir) en sus novelas, ha decidido retirarse de la escritura e incluso dejar de hablar, pero casualmente entra en contacto con Vilnius y a partir de ahí sus planes se desbaratan. Vilnius junto con Débora, su actual novia y antigua amante de Lancanstre, y el narrador, formarán un grupo en donde la escritura de unas memorias transversales y totalmente infundadas sobre el difunto autor permitirán definir y establecer nuevas relaciones entre ellos y con el escritor fallecido.

Al margen del argumento central, hay un montón de personajes muy bien caracterizados y con personalidades fuera de lo común, de los que el autor se aprovecha para retorcer las situaciones con unos golpes de humor divertidísimos. Así tenemos a por ejemplo a Laura Verás, la madre de Vilnius, alcohólica y agitadora cultural de Barcelona que no ha dejado nunca títere con cabeza y que sencillamente disfruta haciendo el mal, algo que su hijo ha experimentado en sus carnes largo y tendido. Claudio Aristides Maxwell, amante de Laura y especialista en el Hollywood clásico, con físico y aspecto de gánster también clásico. Débora, a quien ya he presentado, muy inestable psicológicamente y que pasa a ser motor junto con Vilnius de la absurda sociedad artística infraleve "Aire de Dylan", que carece de objetivos creadores reales y se regocija en la autenticidad de su fracaso. Shekhar, el portero hindú del hotel Littré, donde vive Vilnius, capaz de organizar dramas insoportables sobre cualquier nimiedad. Los Interumpidores, socios del Club de Lectura Lancastre, que se reune en la Librería Bernat, etc. ec.

Resumiendo, lectura super recomendada. Para mi gusto y debido a su gran calidad, yo la haría obligada. Más reseñas en El Lamento de Portnoy y DeQueVa.

19 jun. 2013

La Guerra de las Salamandras - Karel Capek

La Guerra de las Salamandras del pionero checo de la ciencia-ficción Karel Čapek, es una divertidísima sátira donde se critica sin mesura alguna la feroz y egoista naturaleza humana, totalmente indiferente a la destrucción del planeta con tal de que su codicia y sus ansias de poder se vean satisfechas. El capitalismo, como modelo socioeconómico que hace posible que el hombre satisfaga sus instintos predadores mediante la acumulación de bienes, no sale nada bien parado, lo cual me hace pensar que estamos ante una lectura terriblemente contemporánea a pesar de que data de 1936. Pero mejor centrémonos exclusivamente en el libro.

Dividido en tres partes, la novela nos relata en en la primera el descubrimiento de una nueva especie, una gran salamandra marina supuestamente descendiente de la extinta Andrias scheuchzeri. Dotada de una inteligencia y habilidades similares a las del hombre, pero sumisa y sin ambiciones, en la segunda parte asistimos a su explotación a nivel mundial como mano de obra barata por la sociedad humana. Finalmente en la tercera asistimos a la rebelión última de dichos anfibios ante los constantes abusos y humillaciones que sufren. La narración destila humor mordaz y mala baba por los cuatro costados, que por lo que recuerdo de La Fábrica de lo Absoluto, parece ser un terreno en donde el autor se siente muy cómodo. Desde el humor negro más soez y políticamente incorrecto, capaz casi de indignar al lector, al más agudo y ocurrente, que por los menos a mí consigue provocame una risotada única e incontenible que estalla como un esturnudo, y durante unos segundos deja un rastro en forma de sonrisa cómplice de admiración. El texto está también repleto de impagables referencias a la situación internacional en el momento en que fue escrito: el auge del nazismo en Alemania, los movimientos obreros en Europa, la defensa del bienestar de los animales típica del Reino Unido, etc. 

En el último capitulo y a modo de épilogo, el autor ironiza sobre su propia obra, echándose en cara que es imposible que el hombre pueda llegar a un extremo de ambición y codicia tal, que permita a las salamandras ser la nueva especie dominante del planeta. La única solución que podría evitarlo es dotarles de esa mismas características típicamente humanas, para a continuación iniciar una guerra civil entre anfibios. En definitiva, una lectura entretenidísima, una crítica despiadada al ser humano que lamentablemente sigue siendo tan válida como cuando se escribió. Totalmente recomendada.

Más opiniones sobre esta novela en La Biblioteca del Kraken y en las reseñas multi-autor del Sitio de Ciencia-Ficción, donde sale muy bien parada, sin embargo en Escritos sobre Cenizas consideran que es "sólo para aquellos que busquen discurso de Perogrullo fatalista disfrazado de ciencia ficción" (sic).

15 jun. 2013

La Investigación - Stanislaw Lem

La Investigación es una novela policiaca con mucha intriga y colmada de misterios en que, para mi desgracia, nada se resuelve. En pequeñas localidades de los alrededores de Londres empiezan a desaparecer cadáveres de salas de autopsia. Lo sorprendente de los casos es que los indicios apuntan a que los muertos han resucitado y abandonado la antesala del cementerio por su propio pie. El teniente Gregory de Scotland Yard es asignado al caso por su superior, el inspector Sheppard. Nuestro protagonista nunca ha destacado por su gran talento ni por su imbatible perspicacia, sin embargo en su favor se puede decir que es metódico y concienzudo. Desde el primer momento y sin que sepamos el porqué sus sospechas recaen en el Dr. Sciss, un científico que colabora con la policía y que ha descubierto un complejo patrón estadístico en las desapariciones. Cuando la narración está bien avanzada y durante una guerra dialéctica en que el mediocre de Gregory pretende acorralar a Sciss (que a nivel intelectual le da 100 vueltas), nos enteraremos que de este peculiar experto en estadística fue expulsado de un organismo público por redactar una teoría premonitoria que confirmaba la inevitabilidad de la confrontación atómica entre bloques. Con dichas predicciones se ganó fama de comunista, así que es de suponer que siendo un rojo y estando estigmatizado por una destitución de cargo público ya podría ser culpable de cualquier cosa. Pero vamos, que esto es hipótesis mia exclusivamente.

La novela va avanzando un poco a tumbos, levantando expectativas en el lector que luego se quedan en nada. Destaca eso sí la teoría final establecida por Sheppard que encaja en el modelo estadístico del Dr. Sciss, pero por lo demás, todos los enigmas quedan sin resolver. En la solapa de la edición de Impedimenta indican que se trata de una novela de de "tintes filosóficos y metafísicos". A mí me da la impresión más bien de que Stanisław Lem la fue escribiendo un poco sin saber ni a dónde iba y mucho menos cómo llegar, así que tuvo oportunidad de rellenar páginas en las que Gregory y varios personajes corales reflexionan sobre esto y aquello: qué es la vida y qué la muerte, cómo el caos puede explicar la existencia humana, cómo establecemos un modelo de realidad que se adapte a nuestras necesidades, patatín, patatán. Como es habitual con Lem, sus descripciones son geniales, muy precisas y visuales. Su prosa es clara y fácil de leer, sin embargo como conjunto no me parece que el libro sea como para recomendarlo.

Más reseñas en Solo de Libros, muy en mi línea, y en el Sitio de Ciencia-Ficción, con una entrada triple en la que hay redactores que comentan sus flaquezas sin temor y otros que se van por los cerros de Úbeda para, creo yo, evitar hablar mal del autor polaco.

11 jun. 2013

Conde Cero - William Gibson

En plena resaca de Neuromante, encontré un montonazo de libros de William Gibson en Todocoleccion.net. En concreto se trataba de todas las ediciones originales de Minotauro en tapa dura del resto de obras de la Trilogía del Sprawl, la Trilogía del Puente completa y el libro de relatos Quemando Cromo, que leí y reseñé en su momento. Así pues, cinco libros del padre del cyberpunk llevan esperando más de un año a que de cuenta de ellos. Como para ciertas cosas soy bastante convencional, el elegido en esta ocasión ha sido el siguiente cronológicamente, esto es Conde Cero, segundo volumen de la también llamada Trilogía del Sprawl/Ensanche.

Conde Cero comparte el mismo futuro hipertecnológico repleto de poderosas megacorporaciones que su antecesora. Se supone que trascurre unos años después de Neuromante, pero lo cierto es que yo, bien porque hace bastante que leí aquélla, bien porque no he estado muy agudo leyendo entre líneas posibles referencias, no he llegado a captar ese paso del tiempo. Bueno quizás sí que se pueda deducir que han pasado algunos años a partir de algunas breves menciones a personajes y lugares que me trajeron a la memoria imágenes de aquélla (especialmente la ahora desaparecida dinastía y empresa del mismo nombre, Tessier-Ashpool). En fin, lo mismo da, la conclusión es que no hay problema en leerlas independientemente.

A nivel narrativo es más compleja que la anterior, pues tenemos tres hilos argumentales diferentes que se van desarrollando en capítulos alternativamente:

  • Por un lado tenemos a Turner, un mercenario a quien una gran compañía (Hosaka) contrata para rescatar a un científico especialista en biotecnología de la Maas, su actual corporación, para de esta forma ponerse al servicio de sus rescatadores.
  • También está Bobby Newmark, apodado Conde Cero, un hacker super bisoño que hace su estreno en el ciberespacio probando un software que casi acaba con él, a raíz de lo cual se envuelto en una confabulación que le supera con creces.
  • Y por último, Marly Krushkova es una especialista en arte caída en desgracia por culpa de un fraude orquestado por su exnovio. Un buen día es contratada por Josef Virek, un magnate de los negocios coleccionista de arte que busca (aparentemente) al autor de unas cajas/esculturas que parecen obra de un Joseph Cornell del futuro.
Éstas son sólo unas breves pinceladas de la trama, la cual lógicamente finaliza con todos los hilos confluyendo. El desarrollo de la historia pasa por diferentes etapas en las que hay un poco de todo: acción, intriga, elementos de novela negra, etc. Todo ello, curiosamente, con bastante menos incursiones en el ciberespacio que su antecesora. El ritmo es muy ágil, lo cual hace que el libro sea bastante entrenido. Hay un número muy elevado de personajes, pero al ser presentados en cada hilo independientemente, en la mayoría de las ocasiones no supone ningún problema asimilarlos. Ahora bien, sobre una extraña intriga de entidades en forma de dioses vudú que pululan por el ciberespacio (con un rito asociado en el mundo real) no puedo comentar gran cosa porque no me he enterado de absolutamente de nada. He consultado la ficha de Conde Cero en la Wikipedia en inglés, donde se dan unas pistas y vaya, como el que lee en arameo. En fin, esto no sé si es achacable a la excesiva sutileza del autor, o bien a mi exclusiva torpeza, que todo es posible.

Resumiendo, una lectura muy amena y adictiva por lo menos para mí. Parte del encanto se debe al lenguaje denso característico de Gibson, con frases descriptivas muy potentes y sugerentes, cortas pero cargadas de referencias visuales y a la cultura (ciber)popular. Eso sí, me queda la sensación palpable de que se me han escapado un par de flecos de cierta relevancia, pero bueno, en conjunto no me puedo quejar.

Otras reseñas de esta novela en Bibliópolis, CiF Perú y El Jardín del Sueño infinito. Por lo que veo el único que no ha entendido el papel y significado de los dioses hatianos soy yo, lo cual viene a confirmar que no he estado muy hábil.

7 jun. 2013

Crash - J. G. Ballard

Imagino que la trama de Crash será bastante conocida gracias a la inquietante adaptación cinematográfica que David Cronenberg realizó en 1996. El protagonista (cuyo nombre coincide con el del autor, James Ballard) sufre un accidente de tráfico a raíz del cual conoce al doctor Robert Vaughan, antiguo presentador de documentales científicos de TV. La oscura, fascinante y arrolladora personalidad de este individuo termina contagiando a Ballard sus mismas obsesiones y fetichismos: la expresión y culminación del deseo sexual mediante los coches y los accidentes de tráfico. Vaughan se ha rodeado de un grupo de elementos tan perturbados como él, todos ellos involucrados en accidentes de tráfico de mayor o menor gravedad. Ballard se convierte en su protegido más reciente y juntos realizan todo tipo de actos sexuales, tanto con prostitutas como con los diferentes sujetos de esta particular camarilla, en los cuales la fusión de tecnología (los vehículos) y el cuerpo humano mediante un accidente es el motor de excitación de la líbido. Cuando se trata de provocar el deseo y lograr el orgasmo, los genitales y zonas erógenas habituales se ven desplazados por las cicatrices y las deformaciones sufridas en los golpes, puntos de fusión entre hombre y máquina. Vaughan documenta y escenifica accidentes con actores famosos y personajes públicos. Su objetivo final consiste en poner en escena un accidente de tráfico que involucre a Elizabeth Taylor, que se encuentra en un rodaje en Londres, obsesión sobre la cual lleva fantaseando años.

El hilo argumental es de lo más retorcido con que me he topado nunca y desde luego, me ha cautivado desde el primer momento. El lenguaje es muy directo, crudo y explícito, para así detallar sin ambigüedades todas las depravaciones que el grupo lleva a cabo. De nuevo y como ya pasara en La Exhibición de Atrocidades, Ballard consigue llevarnos a la ansiedad a base de imprimir un ritmo marcado por la repetición de términos con cierta periodicidad. Por si eso no fuera suficiente, prácticamente toda la acción transcurre en no-lugares propios de la ciudad moderna deshumanizada, lo cual ayuda a transmitir el desasosiego de los protagonistas: carreteras de circunvalación de Londres, alrededores del aeropuerto, parkings, desguaces, centros de negocios en el extrarradio, etc. Todo ellos son testigos de las más retorcidas prácticas sexuales y de los más terribles accidentes de tráfico.

Resumiendo, Crash es una fantasía oscura, inmoral y tóxica, pero también increíblemente atractiva. No tiene ni un elemento de ciencia ficción, ni falta que le hace. Es la mejor novela de J. G. Ballard que he leído hasta el momento, y aún a riesgo de meter la pata, me atrevo a decir que es bastante difícil que haya podido superarse. Me resulta totalmente tranquilizador saber que han existido autores como él, que se han atrevido a volcar en su obra tales grados de perversión, de sordidez y de comportamientos extremos alejados cientos de kilómetros de periferia de la normalidad. Si sólo vais a leer uno de sus libros, mi recomendación es que sea éste.

Más reseñas de esta maravilla en Generación Reader, La Taberna del Libro frito y Las Victorias parciales.

3 jun. 2013

Alan Turing. El Hombre que sabía demasiado - David Leavitt

Estoy ante la que probablemente sea la biografía más aburrida e insulsa que he leído nunca. Yo pensaba que la vida del padre de la informática moderna iba a tener más interés. Empezaba la lectura sabiendo poco más o menos que Alan Turing había sido el artífice de la ruptura del código de la máquina de cifrar alemana Enigma en la II Guerra Mundial, que fue el primer teórico de la computación y de la inteligencia artificial, que era gay y fue condenado por delitos contra la moral porque en aquellos años el Reino Unido penaba la homosexualidad... A primera vista parecen los ingredientes de un cóctel del que puede salir una trayectoria vital interesantísima.  Pero lo cierto es que no, para nada. No sé si se debe a que David Leavitt no ha sabido encauzar la narración y hacerla entretenida, o bien a que de un mátemático no se puede esperar el mismo grado de agitación que de un artista plástico, un escritor o un político. Quizás haya un poco de las dos cosas.

Para empezar, hay un par de capítulos que son un auténtico infierno. En el primero de ellos se describen los conceptos sobre los que este matemático construyó el modelo teórico de una "máquina general de computación". Llega a un nivel de detalle tal, que parece que estemos en un curso de Arquitectura de Ordenadores. ¿Era necesario profundizar tanto? Eso habrá que preguntarselo al autor, yo lo que puedo decir es que me ha resultado insoportable hasta la náusea. Estuve a punto de dejar la lectura en ese momento, casi nada más empezar porque creo que era el capítulo 3. Al final opté por no intentar esforzarme en comprender la lógica tras los desplazamientos de números en la cinta infinita sobre la que se basa la máquina universal, ni preocuparme por entender cómo la instrucción se incluye en la cadena numérica y menos aún en cómo la codificaba con signos y números para hacerla legible en su artículo. El siguiente capítulo se centra en mostrarnos el estado de las Matemáticas en el momento de publicación del artículo de Turing sobre la máquina general de computación. Así sabemos cuáles eran los grandes problemas pendientes de resolución (el Entscheidungsproblem), cómo la máquina de Turing podía solucionarlo, otros modelos teóricos similares al suyo descritos por otros matemáticos, etc. En este caso también el grado de profundidad científica del texto me ha sobrepasado de largo, así que lo he puenteado sin mostrar demasiado interés.

Afortunadamente el resto de capítulos son fáciles de leer, sí, fáciles pero mortalmente aburridos. Los años dedicados a romper el código de la Enigma me hacían bostezar. La construcción del computador programable ACE después de la guerra me invitaban a pensar en las musarañas. Cuando abandonó este proyecto para marcharse a la Universidad de Manchester a trabajar en otro de los ordenadores pioneros mis cabezadas en el sofá no hacían más que poner de manifiesto el tedio que me provocaba este libro. Y de pronto Leavitt nos cuenta la relación afectivo-sexual que Turing mantuvo en 1952 con un joven de 19 años, que fue lo que le llevó a ser condenado por actos criminales de homosexualidad (!!!), la castración química a la que se sometió, su posible suicidio (aún no completamente aclarado a juzgar por las diferentes teorías que circulan al respecto), y el libro se termina. Fin. En ese momento, de verdad que me gustaría haber visto mi cara reflejando una mezcla de incredulidad, decepción y desgana al 40-30-30% respectivamente.

En definitiva y siempre bajo mi personal punto de vista, Alan Turing. El Hombre que sabía demasiado es lo que popularmente se denomina un truño. Aún así lo he terminado. ¿Y por qué? Yo qué sé, doctor, ¿tan mal estoy? Más reseñas de este libro en el portal LGTB Dos Manzanas (muy entusiastas) y en Hablando de Ciencia (mucho menos).
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