26 abr. 2014

Tonto, muerto, bastardo e invisible - Juan José Millás

Primera novela de Juan José Millás que tengo el gus..., que tengo la suer... Primera novela de Juan José Millás que leo. No me ha parecido gran cosa, bastante flojilla la verdad. Tampoco voy a juzgar muy severamente al autor porque cogí el libro de un montón de mercadillo, sin tener ni idea de a qué me iba a enfrentar, solo por completar la oferta 7 libros / 20,00€. He de suponer que se trata de una alegoría sobre la crisis de identidad de los cuarenta, personificada en el protagonista Jesús. Tras haber disfrutado de una carrera profesional de bastante éxito en el Dpto. de RRHH de una empresa papelera pública, nuestro hombre se ve repentinamente en la calle debido a una "optimización" de puestos de trabajo tras la llegada del nuevo Gobierno socialdemócrata. Jesús está felizmente casado con Laura (forense) y tienen un hijo (David) de unos 8-10 años. En lugar de contar a su mujer que ha sido despedido y aprovechando la seguridad y tranquilidad de una buena indemnización, se alquila un apartamento adonde se dirige cada día laborable simulando así ante su familia que todo sigue igual.

El hilo conductor de la narración es un bigote postizo que adquirió en su peluquería. Cuando se lo pone se tranquiliza y se cree una persona nueva. Con la prótesis capilar sobre el labio superior la imaginación del protagonista  vuela de forma delirante, de manera que mediante mundos paralelos, viajes astrales y lecturas del tarot es capaz de recordar puntos críticos de su vida que su memoria había bloqueado. Todo está muy entroncado con lo onírico y lo paranormal. También hay mucho de metaliteratura, con narración dentro de la propia narración (a base de cuentos que Jesús improvisa para que su hijo se duerma) y llegado un momento, resulta que es el propio protagonista quien empieza a escribir la historia que estamos leyendo en papel de su antigua empresa. Tras analizar su vida al completo (sus padres, sus orígenes socioeconómicos, su amistades, su carrera profesional, etc.), consigue eliminar capa tras capa de represión para finalmente transformarse en quien de verdad es. Si hay una cita que resume la novela es sin duda la siguiente:
Toda la vida pendiente de la calificación de los otros, de su mirada, para construirme una identidad, que resultó ser una prótesis, con la que poder salir de aquel barrio y triunfar, y ahora resulta que no había salido o que había abandonado en él al niño que me lloraba por las noches, ese niño minusválido y bastardo y muerto e invisible
Como ya he dicho, ni fu ni fa. Se lee en dos tardes y sin molestias, pero para mi gusto dista mucho de entrar en la categoría de recomendables. He encotrado una par de reseñas de Tonto, muerto, bastardo e invisible en El lector impaciente y Lector voraz. Las dos son más entusiastas que la mía, de hecho el último blog lo considera una 'novela mayúscula' y hace un recorrido muy exhaustivo por la trama, que dicho sea de paso, me parece muy acertado.

22 abr. 2014

Cambio de Bandera - Félix de Azúa

Cambio de Bandera no tiene nada que ver con las otras novelas de Félix de Azúa que había leído. De aquellas historias contemporáneas de corte nihilista (Diario de un Hombre humillado o Historia de un Idiota contada por él mismo) o que supuestamente pretendían explicar la transición española (Demasiadas Preguntas) pasamos a una novela bélica ambientada en plena Guerra Civil española. Y no en cualquier sitio, no, sino en la mismísima Euskadi, algo que evidentemente le va a dar mucho juego a poco que conozcamos el rechazo visceral del autor a los nacionalismos periféricos españoles(1), tanto al catalán como al vasco.

La trama nos presenta a una pareja de novios, por un lado Luís Larrazábal, perteneciente a la burguesía industrial vasca, militante del PNV ya tirando a maduro, diplomático del gobierno autónomo vasco en China; por otro, la joven Carmen, una veinteañera navarra de buena familia y de armas tomar. Cuando estalla el conflicto, Luís ha de volver a su tierra y es entonces cuando otro conflicto, esta vez interior, le empieza a destrozar por dentro: quedarse a vivir en España, sometido a quienes son ya virtuales ganadores, o bien huir a Francia para establecer un punto de resistencia a los fascistas desde alguna localidad del País Vasco francés. Si se queda contará con la ayuda de su íntimo amigo el abogado colaboracionista Aurerio Arrarás para obviar su pasado nacionalista; si se marcha, también será gracias al salvoconducto que aquél le proporcionará. Ganan sus ideales y huye al país vecino, donde comenzará una vida de exiliado repleta de dramas y aventuras extravagantes compartidas con elementos de lo más peculiar.

La verdad es que para mi sorpresa después del truño que supuso mi última incursión en su obra, estamos ante una historia muy original y bien desarrollada. Hay amor, intriga, acción, sabotage y quintacolumnistas; personajes inocentes, encantadores, adorables; también los hay que nadan a dos aguas e intentan mantenerse cuerdos entre tanta locura; finalmente otros despreciables, psicópatas, temibles. Azúa hace una descripción escrupulosa del contexto histórico en que transcurre la acción y me ha descubierto detalles estratégicos del enfrentamiento de lo más curioso. Por otro lado, no cuesta conectar con la prosa elegante con que está escrito, aunque admito que al principio y por contraste con mi anterior lectura me resultó algo forzada y más poética de lo que me apetecía. Lo que estropea la experiencia es que la historia esté impregnada hasta la saciedad de las ideas personales del autor. No hay facción implicada en la contienda que no reciba una buena dosis de mamporros literarios de Azúa y que quede claro que no se decanta por ninguna. Sublevados y republicanos; fascistas, comunistas, socialistas y anarquistas; burgueses y clase obrera; franceses, ingleses y alemanes; católicos y ateos; vascos, catalanes, andaluces, castellanos y murcianos, y por supuesto cualquier combinación de las clasificaciones indicadas anteriormente que se nos ocurra. Y es precisamente ahí donde está el problema en mi opinión personal. Es posible que la sociedad española sea histórica e intrínsecamente despreciable. Es posible que cualquier hijo de vecino, independientemente de su ideología, aproveche la menor oportunidad para desplegar todas sus habilidades y chupar de lo público para su enriquecimiento personal. Tal vez sea así, tal vez la corrupción haya pasado de ser un rasgo cultural a formar parte de nuestra memoria genética. Pero la cuestión es que por muy asesinos que resultasen ambos bandos, fueron los fascistas quienes se sublevaron contra un régimen establecido democráticamente, con miles de fallos, sí, pero elegido en libertad. Así que si hubo unos señores malos malísimos que quemaban iglesias y mataban curas fue porque otros, aún más perversos que éstos, decidieron un día que había que parar una República progresista y asesinar a todas las personas que luchaban por la igualdad, los avances sociales, el laicismo, etc. Todo esto por supuesto así, grosso modo, como concepto global y sin entrar en las particularidades de la situación española previa al alzamiento de 1936. Así que el mantra de 'todos eran malos' que inunda los capítulos no me vale. Ni de coña.

Resumiendo y para que no haya lugar a equívocos: a mi la novela me ha encantado, una aventura amarga muy bien contada y con cierto aire cinematográfico. Eso sí, no hay que hacer ni caso a la obsesión de Azúa por mostrar a todo el mundo igual de responsable en ese desastre que fue la Guerra Civil española. Es muy fácil ignorarle porque se le ve venir a kilómetros de distancia. El apartado de otras reseñas queda hoy desierto porque no he encontrado reseñas en la blogosfera.


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(1) Ver sus artículos en Jot Down magazine

16 abr. 2014

Los Monederos falsos - André Gide

La acción de Los Monederos falsos de André Gide se ajusta la tendencia que pareció existir en el periodo de entreguerras, según la cual  muchos los autores más o menos simultáneamente quisieron plasmar la rabiosa actividad y dinamismo que caracterizó aquellos agitados años. Publicada en 1925, otros ejemplos evidentes que me han venido a la cabeza durante su lectura son Manhattan Transfer (también de 1925) de John Dos Passos y cómo no, Contrapunto (1928) de Aldous Huxley.

Al igual que en esas dos novelas ya reseñadas en Das Bücherregal, el número de personajes que pueblan la páginas es bastante elevado, aunque en este caso no tanto como para no hacerse una composición de lugar sin demasiados problemas (podéis consultar la entrada de este libro en la Wikipedia en francés para haceros una idea de ellos así como de sus vínculos). La historia central gira en torno a Eduardo, un escritor de cierto nombre que está trabajando actualmente en su próxima novela, titulada precisamente 'Los Monederos falsos', Oliverio, bachiller y sobrino del anterior, y Bernardo, amigo íntimo de éste último. Eduardo es hermano por parte de padre de Paulina Moliner, con quien ha retomado recientemente el contacto, casada a su vez con Óscar Molinier. En  una de sus visitas se quedó absolutamente prendado de su sobrino adolescente, atracción que resultó mutua por lo que se ve. Bernardo por su parte acaba de descubrir que es el resultado de una aventura extramatrimonial de su madre y que su padre, el juez de instrucción Alberico Profitendieu (colega a su vez de Monsieur Molinier), se ha limitado a acogerle como un hijo más. Dicha revelación enfurece a Bernardo, quien se decidirá de inmediato a abandonar el hogar familiar. Su aventura en la vida real se verá desde el primer momento guiada por Eduardo, a quien conoce el mismo día que vuelve a París.

Es bastante complicado explicar mucho más de la trama sin resultar pesado, lo que no sería justo porque el libro no lo es para nada. Hay muchísimo drama cotidiano de validez universal, con omnipresentes expresiones del amor y el desamor entre familias, amigos, cónyuges y amantes. La frustración y la resignación campan a sus anchas, también el dolor, la soledad y las mentiras acumuladas que van socavando la idea de felicidad a que cada personaje se había hecho. Hay algunos destellos puntuales de felicidad, pero pocos, la verdad, como en la vida misma. A destacar también que la acción está repleta de insinuaciones homoeróticas hechas desde una perspectiva positiva, algo que no es de extrañar dado que el autor era gay  y fue pionero en el activismo homosexual (si mal no recuerdo, el propio Aldous Huxley se encargó de ironizar en Contrapunto sobre los alegres muchachos que poblaban el París de Gide). Por otro lado, la toma de contacto de los muchachos con el mundo real está repleta de momentos agridulces, pero al final comprobamos que les permitirán enriquecerse como personas.

Desde un punto de vista técnico, la novela juega con múltiples formatos. Quizás el más curioso sea el metaliterario: por momentos todo parece girar en torno a la literatura. Escritores, revistas literarias, aspirantes a poetas, la crítica, estudiantes con alma de narradores. A la cabeza tenemos a Eduardo hablando sobre su novela homónima, sirviendose además de los sucesos que se van narrando para inspirarse. El resto de personajes se interesan por la literatura, quieren saber de su novela. Quizás demostrando que la idea estaba en el aire, nada más empezar el libro un personaje muy secundario amigo de Oliverio (casi todos ellos con ínfulas de escritores) comenta que querría narrar la historia no de un personaje sino de un lugar, por ejemplo de una avenida, ¿casualidad o tal vez un guiño a la obra de Dos Passos? También abunda el formato epistolar, aunque prinicipalmente la mayor parte de la información se nos descubre a través de las entradas del diaro personal de Eduardo. Señalar por último que la acción no concluye, no hay hechos significativos que permitan finalizar todas las subtramas expuestas, aunque algunas en concreto sí que lo hacen, de manera indiscutible además. Queda la impresión de que durante la lectura nos hemos acercado a los personajes y sus vidas durante unos meses, el autor transmite la idea de que sus vidas siguen una vez cerramos el tomo.

Resumiendo, dentro de ese supuesto subgénero que he descrito al comenzar el post, ésta es la novela que más me ha gustado. A nivel desarrollo es la más moderada, con menor número de personajes, abarca un periodo de tiempo más corto, etc. Sin embargo y debido a la validez general de los asuntos tratados y a no enredar la acción con acontecimientos históricos (algo muy presente en las otras dos), es la que me ha resultado más veraz y entretenida de las tres. Tiene eso sí, un problema serio con la traducción de los nombres propios, todos han sido castellanizados cuando quedarían mucho más naturales y agradables en francés: Olivier suena muchísimo mejor que Oliverio, y en cuanto a Albéric/Alberico, la verdad no sé que decir, nunca lo había escuchado. Tenéis más reseñas en El Blog del Cresta y The Sense Of The Past, con un extensísismo artículo.

9 abr. 2014

Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos: Philip K. Dick 1928-1982 - Emmanuel Carrère

Como fan declarado que soy de Philip K. Dick no sé cómo he podido tardar tanto tiempo en leerme una de las biografías más reconocidas del maestro americano de la ciencia-ficción: Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos: Philip K. Dick 1928-1982 de Emmanuel Carrère. Por pereza, dejadez o simplemente cosas del destino, la he abordado después de haber dado cuenta de gran parte de la obra dickiana publicada en español, principalmente en Minotauro. Esto al final ha resultado ventajoso, puesto que Carrère va enlazando la vida personal de Dick con sus novelas, que para mi sorpresa, y supongo que para la de cualquiera conociendo las temáticas habituales que trata, tienen mucho de vivencia personal. Así pues, capítulo tras capítulo se van revelando datos que destripan la trama de muchos de sus clásicos, con lo cual yo no la recomendaría si tenéis en la lista de espera El hombre en el Castillo, Ubik, Tiempo desarticulado, Los tres Estigmas de Palmer Eldritch, La Transmigración de Timothy Archer, La Invasión divina, Una Mirada a la Oscuridad, Los Clanes de la Luna alfana, Fluyan mis Lágrimas, dijo el Policía, y alguna otra más.

Si algo queda claro tras leer este libro es que Philip K. Dick fue durante casi toda su vida una persona con serios problemas mentales. Quizás su historial psicológico venga marcado por la muerte de su hermana gemela a los pocos días de nacer por descuido de su madre con la alimentación, tal y como se comenta en este volumen. En cualquier caso, ya desde adolescente se nos presenta como un chico solitario, que disfrutaba leyendo y escuchando música clásica y con una marcada tendencia a la paranoia, que se manifestó desde muy joven en un cuestionamiento patológico de la realidad del mundo físico que aprehendemos con los sentidos. Dicha tendencia no hizo sino empeorar debido al constante abuso de todo tipo de medicamentos (ansiolítiocos, tranquilizantes y sobre todo estimulantes) a lo largo de los años, especialmente en los 1960s. Su relación con las mujeres también tiene algo de enfermiza. Enamoradizo y voluble, no dudaba en flirtear descaradamente con todas las chicas en presencia de su pareja, y aún peor, en abandonar a su familia (tuvo hijos con casi todas ellas) si las cosas no le iban bien. Y a ver, con tantísimo fármaco psicoactivo que se metía, resultaba una persona de trato difícil la mayor parte del tiempo. Por lo general se relacionó siempre con mujeres bastante más jóvenes que él, a quienes por un lado exigía devoción absoluta y por otro ataba muy, muy corto, dándoles poquísimo margen de libertad, algo que a la larga conducía a que le abandonaran. Para finalizar, otro de los rasgos característicos de Dick es su búsqueda de dios y su espiritualidad, que aunque transcurrió por vías poco convencionales (no hay más que intentar comprender Valis), tomó como punto de partida el catolicismo, religión a la que se convirtió a mediados de los 1960s. Una vez cumplidos los 44-45 años, se centró casi exclusivamente en dar a conocer al mundo su cosmogonía particular a través de una exégesis de más de 8000 páginas que al parecer, nadie ha leído en su totalidad. Esta parte final de su vida coincide con el periodo de mayor estabilidad física y emocional.

No voy a engañar a nadie: he disfrutado mucho dando rienda suelta al cotilla que llevo dentro. Eso de asomarte a la vida privada y conocer las intimidades de uno de tus autores favoritos resulta muy estimulante. Aunque también es cierto que en el sentido puramente técnico he echado de menos algo más de rigurosidad en el texto. Fechas, lugares, referencias, citas, opiniones puestas en boca de sus autores. La verdad es que el libro parece más bien escrito por un fan sobreexcitado por hablar de su ídolo que por un biógrafo concienzudo. De todas formas, me ha resultado muy enriquecedor aproximarme a sus novelas desde el conocimiento de su vida. Tenéis un par de reseñas más en el Sitio de Ciencia-ficción  y Gigamesh. Ésta última revela que Dick no estaba tan sonado como Carrère nos quiere hacer creer.

3 abr. 2014

Ruido de Fondo - Don DeLillo

Ruido de Fondo es otra de esas novelas extrañas pero fascinantes en las que me cuesta ser consciente de qué narices he leído, pero que sin embargo me dejan una agradabilísimo regusto. La trama, así muy en pocas frases: familia compuesta por una pareja próxima a los 50 con un largo historial de matrimonios y aún más larga progenie engendrada en cualquiera de su relaciones. Viven en una pequeña ciudad universitaria estadounidense de provincias donde papá es profesor de especializado en estudios sobre Hitler y mamá es un ama de casa con multitud de intereses altruistas en su comunidad. Sin saberlo ambos comparten un visceral e incontrolable miedo a la muerte. A raíz de un accidente ferroviario en las proximidades con escape de productos tóxicos a la atmósfera se ven obligados a evacuar sus viviendas, lo que favorecerá que a la larga terminen revelándose mutuamente la existencia de ese temor irracional y se vean forzados a enfrentarlo. En el camino serán convenientemente desveladas un montón de sorpresas (investigaciones farmacéuticas, infidelidades, crímenes varios, etc.) que harán que la trama sea muy entretenida.

A lo largo de toda la narración se percibe una crítica descarada a la sociedad norteamericana contemporánea (y por extensión, occidental): hiperconsumista, crédula, manipulable. La prosa de Don DeLillo es limpia, sin sofisticaciones ni florituras innecesarias. Esta característica va estupendamente para que los personajes se cuestionen la realidad que les ha tocado vivir con un entusiasmo y una precisión envidiable, difícilmente rebatible. Este análisis puede esperarse sin dificultad de Jack y Babette (los protagonistas), o de otros docentes de la universidad. Sin embargo el personaje estrella a la hora de enjuiciar la arbitrariedad de las normas, usos y costumbres sociales e incluso la incertidumbre del mundo físico es Heinrich, el hijo adolescente de Jack. Líder indiscutible del sarcasmo entre todos los personajes, a cuál más ocurrente y más ácido, no le tiembla la voz al lanzar perlas del tipo:
Los animales cometen incesto constantemente. ¿Hasta qué punto puede ser antinatural?
En fin, como he dicho al principio, no puedo afinar más. El desarrollo de esta novela de tintes filosóficos y humor sarcástico transcurre entre críticas y análisis de las relaciones humanasy y prodigiosas revelaciones existenciales, que no por estar hechas desde una cotidianeidad pasmosa son menos certeras. Tenéis mas reseñas en:

  1. El Niño Vampiro lee, que aporta una interpretación de la novela tal, que cualquiera diría que hemos leído libros distintos
  2. El Lamento de Portnoy, donde parece hacer referencia a una tercera novela, que no es la que he leido yo ni la del niño vampiro, sino una de ciencia-ficción de inspiración dickiana. Lo curioso del caso es que en cierta forma lleva razón.
  3. La Tormenta en un Vaso, que coincide en parte con la mía y la del niño vampiro, porque reconozcamos que hay que ser todo un iluminado para detectar a Philip K. Dick entre las líneas.
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