9 dic. 2016

Los días azules - Fernando Vallejo

Los días azules es la primera parte de la autobiografía de Fernando Vallejo, que por total desconocimiento yo comencé a leer hace unos meses por Entre fantasmas, el volumen que le da cierre. En éste que me ocupa hoy, el tono es por lo general alegre, amable, feliz, afable, lo que uno espera de los primeros años de vida de un niño que ha nacido en una familia que no tiene que pasar especiales estrecheces económicas. Así pues, conoceremos su deambular por diferentes viviendas tanto en Medellín como en fincas en las proximidades de la capital de Antioquia, donde convivían con sus abuelos maternos y una hermana viuda de su abuela. Muchas de las anécdotas de la infancia vivida en ese entorno son divertidísimas, otras son auténticas barrabasadas propias de críos que a pesar de lo dramático, consiguen sacar una sonrisa al lector.

El autor no llega a indicar que su familia fuese especialmente acomodada, sin embargo su formación en colegios salesianos y en materias extraescolares como piano dejan entrever que muy probablemente estuviesen en los estándares de clase media-alta de principos de los 1950s. Lo que sí queda muy claro desde el primer momento es que nació en una familia de ideología conservadora. Su padre, que llegó a ser ministro, fue abogado, editor de un periódico y militante activo del partido conservador en un periodo de Colombia que históricamente ha sido denominado La Violencia (via Wikipedia), caracterizado por los asesinatos políticos generalizados de miembros tanto del partido conservador como del liberal. Vallejo nos habla desde casi la primera página de cadáveres decapitados y masacrados tirados en las cunetas, desconociendo si son de una u otra ideología porque de hecho eran de ambas por turnos. Las matanzas afectaron también a los campesinos, que optaron por abandonar el campo para buscar seguridad en las grandes ciudades. El escritor heredó las ideas conservadoras del padre, que solo ocasionalmente se dejan caer en el texto, junto con alguna de las perlitas clasistas a que ya nos tiene acostumbrados.

Aproximadamente a un tercio del final es un Vallejo adulto quien rememora su infancia tamizándola a través de la experiencia adquirida con los años. A partir de ahí el texto se vuelve un poco más amargo, aunque no demasiado. Como podrá suponer el lector habitual a su obra, lanza sus críticas contra la iglesia católica y contra España, pero sobre todo contra Colombia y su violencia estructural. Como resumen, conocer de su propia mano los primeros años de vida de este escritor colombiano ha resultado una experiencia simpática y entrañable con la que no resulta complicado identificarse por momentos, sobre todo en cuanto a ese amor infantil y desinteresado que siente por sus mayores, y desde luego en el relato de las travesuras. Tenéis más reseñas en Llover sobre mojado y Literatura contemporánea.

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