31 mar. 2016

El hombre del salto - Don DeLillo

Keith Neudecker es un superviviente del atentando contra las Torres Gemelas del 11-S. Completamente aturdido, con un maletín en la mano, muy mal aspecto y heridas de escasa consideración, se presenta en casa de Lianne, su ex-mujer, minutos después de la catástrofe. Tras este incidente retoman la relación, y Keith se muda con su mujer e hijo. David Janiak es un artista que tras los atentados realiza una performance callejera en la que con ayuda de unos arneses, se cuelga de cualquier saliente y adopta la postura del hombre que Richard Drew capturó en su famosa fotografía The falling man, de ahí que se le conozca popularmente como El hombre del salto. Nina Bartos, la madre de Lianne, lleva más de 20 años en una relación afectivo/sexual con  Martin Ridnour, un marchante de arte europeo con varios domicilios conocidos y seguramente casado, de quien se sospechan simpatías o quizás incluso pertenencia al alguno de los grupos terroristas de de izquierda anticapitalista alemanes de los 1960s-1970s. Hammad es un estudiante de arquitectura musulmán que viven en Hamburgo, donde se relaciona con islamistas radicales que terminan reclutandole para la yihad. Será uno de los terroristas que participará en el secuestro de los aviones usados como misiles contra las torres WTC1 y WTC2 del World Trade Center.

Resulta muy complicado abordar un relato de ficción que gire en torno a los atentados del 11-S. Don DeLillo lo ha hecho centrándose en los efectos que provoca en los supervivientes y su entorno familiar más próximo a corto y medio plazo. Y el resultado, impecable de acuerdo a mi conocido gusto por las historias desgraciadas, me temo que no es muy esperanzador. Es de suponer que todos lo afectados y damnificados por los mismos tuvieron que continuar con sus vidas, pero al menos para los personajes protagonistas y en el periodo de tiempo que abarca el libro (hasta unos 3-4 años después) el panorama es terrible. En primer lugar Keith, ya instalado con su familia, tiene una breve aventura sexual con la dueña del maletín que llevaba el día del accidente, que para nuestra sorpresa no era suyo. Poco despues se mete en el circuito de partidas de poker en casinos, llevando una vida desordenada y solitaria, de ciudad en ciudad, viviendo en hoteles impersonales y solo volviendo a NY de cuando en cuando. Lianne además de tener que sobrellevar su nueva situación personal, con un marido cada vez más ausente, debe enfrentarse a sus propios fantasmas. Con un historial familiar de casos de Alzheimer y un pavor irracional y obsesivo a poder ser la siguiente víctima de esta enfermedad, solo encuentra refugio y algo de estabilidad en la religión (católica). Es digno de mención que al autor no le tiemble el pulso a la hora de incorporar en el argumento otros movimientos radicales que emplearon el terrorismo en Europa en los 1970s. Los usa para hacernos reflexionar sobre las enormes diferencias culturales y religiosas entre Oriente Medio y Occidente, que no justifican, pero sí pueden explicar que amplios sectores de la población hayan simpatizado en diferentes momentos de la historia con algunos movimientos violentos.

A nivel técnico, la novela se abre y cierra con el relato de los atentados. Entre medias, los capítulos se suceden de manera no lineal, con discontinuidades en la trama, saltos temporales hacia delante y hacia atrás. Resulta desconcertante al principio pero enseguida se le coge el tranquillo. Por un lado esta técnica exige estar muy atento al texto y empezar a mascar bien el párrafo desde el primer momento (a riesgo si no, de no deglutirlo bien), por otro lado le aporta mucho dinamismo, tanto que los cambios de contexto unidos al escenario neoyorkino en que trascurre la acción, le aporta un je ne sais quoi cinematográfico. Por otro lado, el sutil desconcierto que provoca recuerda en parte a Ruido de fondo pero mucho más trabajado, más elaborado. Tenéis más reseñas en Confieso que he leído y El lamento de Portnoy.

26 mar. 2016

Washington Square - Henry James

El argumento de Washington Square es bastante simple y muy decimonónico. Catherine, la hija del reputado doctor Slope, es una muchacha muy correcta, muy simple y muy obediente en edad casamentera. Físicamente no se puede decir que sea fea, aunque nunca destacaría ni por su belleza ni por su estilo. Su padre es plenamente consciente de sus limitaciones, especialmente por el contraste que supone con su difunta esposa, que según se nos presenta, era un dechado de virtudes: guapa, inteligente, ingeniosa, etc. Lo que sí tiene Catherine es una herencia anual de $10.000,00 que le dejó su madre al fallecer y la asignación de unos $20.000,00 más de su padre para cuando se case. Tanto dinero puede aportar muchísimo atractivo a una joven pavisosa (en palabras de su propio padre). Así que cuando aparece en escena un tipo guapo, culto, viajado, arrebatador, un tal Morris Townsend, que es primo del prometido de una sobrina de Slope y que lamentablemente no tiene oficio ni beneficio y resulta vivir a expensas de su hermana viuda (con cinco hijos además), las alarmas de nuestro médico neoyorkino se disparan.

Como muy bien dice la contraportada de la edición de la editorial Eneida, la novela de Henry James constituye un duelo de voluntades. Una tensión contenida, pero presente en todo momento, se va acumulando capítulo tras capítulo deformando el carácter de la pobre Catherine, que resulta el personaje peor parado, un pelele sin opinión con quien juegan unos y otros. Por si no fuese suficiente con su padre y su pretendiente, cada uno tirando de ella en sentido contrario para que se adapte a sus respectivos intereses, tenemos también a Mrs. Penniman en danza. Hermana del doctor y viuda, vive con ellos en la casa de Washington Square. Lavinia, que así se llama la tía de Catherine, es una mujer bienintencionada pero irreflexiva. Enamorada de la idea del amor, se transforma en cómplice y confidente de Morris, pero por desgracia para todos, sus contradictorios y siempre cambiantes consejos no van a ser de mucha utilidad a nadie y van a enredar aún más una situación de por sí complicada.

En definitiva, estamos ante una historia bastante triste donde al final lo de menos importancia es si el compromiso matrimonial se materializa o no. Según lo veo yo, el interés del autor es más bien mostrar cómo podemos destrozar la vida de dos personas por los prejuicios y por una concepción equivocada del amor y la protección. Porque las cosas como son: el doctor Slope es un desalmado que en primer lugar considera a su hija una especie de discapacitada emocional sólo porque no cumple las expectativas que el había depositado en ella. Como si solo mereciesen ser felices o llevar una vida propia las personas que él considere dignas de ello, gente triunfadora y no mediocres de su propia sangre. Los cuidados  enfermizos que despliega sobre ella, los aires de superioridad intelectual y el trato condescendiente a que la somete conseguirán con los años justo lo contrario: que Catherine refuerce su personalidad y sea capaz de defenderse de los ataques de su padre como un contrincante a igual nivel. Como contrapartida, el precio que ha de pagar para llegar a ser una mujer segura de sí misma es la pérdida del gran amor de su vida. Pero bueno, no todo es tan sencillo en la vida real y en este caso, tampoco en la novela. En ese sentido nos encontraremos con una agradable sorpresa en los capítulos finales (por lo menos para mí lo fue).

No me puedo quejar de este primera experiencia con Henry James. A destacar la impresionante descripción de los personajes, de sus caracteres y sus personalidades. Aun cuando la prosa es super sencilla e inmediata, consigue expresar con una exactitud y una elegancia pasmosa el complicado mundo de los sentimientos. Los capitulos caen uno tras otro a un ritmo endemoniado, aunque también es verdad que hay muchísimos diálogos, que eso siempre aligera el paso. Si algún pero he de ponerle, es la total contención de los personajes, por otro lado algo imposible de desvincular del tipo de sociedad en que fueron paridos (la novela data de 1881). Esa devoción y ese respeto incuestionable que se tiene al progenitor resulta inconcebible hoy día. Mientras leía el libro me iba indignando poco a poco contra el tirano absolutista que es el doctor Slope por la castración emocional a que estaba sometiendo a Catherine, siempre por supuesto por el bien de ella. Pero bueno así eran las cosas entre las clases pudientes de finales del S. XIX. Tenéis más reseñas en Solo de libros, Orgullo y prejuicio y Qué leería Jane Austen.

22 mar. 2016

Pigmeo - Chuck Palahniuk

Chuck, Chuck, Chuck. Te repites como el ajo, siempre empleando los mismos recursos para intentar escandalizar al lector cuando en realidad y a estas alturas, es lo que buscamos cuando nos ponemos con uno de tus libros. Si te aguantamos es porque tanta matanza y mutilación, tanta sodomización y pederastia no solo no nos molesta, sino que nos hace gracia. Algunas veces más que otras. Y ésta de hoy es de las que menos. Porque hay que ver qué grosero y que simplón te ha quedado Pigmeo. El argumento grosso modo viene a ser como sigue: una potencia comunista cuyo nombre no trasciende envía un grupo de agentes adolescentes a alguna ciudad estadounidense de tamaño medio localizada en un estado del cinturón de la biblia (¿Oklahoma? ¿Kansas?). Haciéndolos pasar por estudiantes en un programa de intercambio, su objetivo encubierto es la denominada Operación Estrago: la realización de un atentado terrorista que diezme a toda la población norteamericana y demuestre a los EEUU que el autodenominado "mundo libre" se ha cansado de sus políticas abusivas con los países del tercer mundo y de la imposición del modelo capitalista al resto del planeta. El protagonista, el agente número 67, autodenominado agente-yo, va desgranando su experiencia con la familia de acogida y la sociedad estadounidense en capítulos en forma de comunicados a la central.

La trama se apoya muy específicamente en el registro forzado del inglés que habla el agente número 67, que resulta comprensible pero no está adscrito a ninguna variedad estándar, lo cual invita a la coña contínua. Reconozco que tiene su mérito y al principio te hace sonreír, pero la 18ª vez que se hace referencia a las flores como "órganos sexuales seductores de seres vegetales" o al canto de los grillos como "chillidos de apareamiento" ya empiezas a notar cierta apatía. Luego está el factor crítica. Se pone en entredicho muy claramente el modelo capitalista, también más soterradamente a los totalitarismos de corte comunista. Esta diferencia es necesaria dado que es el propio agente número 67 quien debe cuestionar el modelo de organización social en que ha nacido y a cuyos intereses sirve. Sin embargo mi impresión es que Chuck Palahniuk no se ha atrevido a llegar hasta el final en su gran farsa antiamericana y anticomunista, algo que tampoco podemos reprocharle dado que desde el 11-S las bromas y/o sátiras sobre terrorismo internacional pueden causarte serios problemas con la ley o, en el mejor de los casos, el ostracismo social absoluto. Y es que después de exponer muchas vergüenzas sobre todos los modelos políticos, en los 2-3 últimos capítulos hay un giro sentimental/rosa bastante incoherente con el resto de la historia que le permite terminar la narración de mala manera, aunque dentro de la corrección política que le exime del escándalo.

Por resumir, más de lo mismo con este autor. Como viene siendo habitual siempre que leo una novela suya, me lo he pasado bien y apenas requiere esfuerzo intelectual, algo que a veces es muy recomendable. Se lee además en un santiamén gracias a la profusión de diálogos en casi todos los capítulos. Lástima ese cambio de orientación final. Tenéis más reseñas en Libros de Olethros, La tormenta en un vaso y Una plaga de espías.

18 mar. 2016

La madre. Las novelas de Patrick Melrose 2 - Edward St. Aubyn

No he podido resistirme a terminar la serie de novelas protagonizadas por Patrick Melrose, alter ego más que reconocido del autor de las mismas: Edward St. Aubyn. La madre se centra -cómo no- en la relación con Eleanor, su madre, en dos volúmenes que vienen juntos en esta edición de Random House: 'Leche materna' y 'Por fin'.

En 'Leche materna' Patrick se ver forzado a cumplir los deseos de madre para modificar su testamento y donar en vida su villa en Saint-Nazaire (Francia) -que él pensaba heredar-, a una ridícula institución de crecimiento y conocimiento personal muy en plan New Age fundada por ella misma con ayuda de un interesado personaje irlandés salido de la nada. La narración nos aproxima a las vacaciones de Patrick, su mujer Mary y sus hijos Robert y Thomas en los meses de agosto desde el año 2000 hasta el 2003; durante los mismos asistimos al progresivo empeoramiento de Eleanor (que lleva varios derrames cerebrales acumulados), a la pérdida de cualquier derecho del protagonista sobre la antigua propiedad de su madre y a la inexorable ruptura del matrimonio del protagonista. 'Por fin', que se desarrolla a lo largo de un solo día y tiene lugar un par de años después de final de la anterior, nos narra el funeral de Eleanor. Patrick y Mary se separaron debido a los serios problemas del protagonista con el alcohol, aunque mantienen muy buena relación.

El tono de 'Leche materna' es bastante crudo, tiene una carga importante de análisis psicológico de la complicada relación entre Patrick y Eleanor, que no es sino heredera de la pésima influencia que David Melrose, padre y marido respectivamente, tuvo en ambos. Trata colateralmente el tema de la eutanasia, a la cual Eleanor está convencida en recurrir para escapar del estado semivegetativo en que se ha sumido tras varios ataques. Desde luego si el autor tuvo que pasar por todo lo que nos cuenta en esta serie de novelas, es admirable que haya mantenido la cordura, porque se ha visto expuesto a un montón de situaciones traumáticas que seguramente acabarían con la razón del más templado. Sin embargo 'Por fin' es mucho más ligera. Aunque también hay tiempo para que Patrick reflexione sobre lo que su madre significó para él, el texto es una sátira sobre la muerte repleto de agudas ideas sobre lo que significa nuestra partida de este mundo, expuestas con mucha ironía y mucha mala baba. Resumiendo, se trata de una lectura ágil y entretenida que en mi opinión, exige más estómago que la entrega anterior. Por más que aquella recogiese abusos sexuales de niños y grandes dosis de autodestrucción via el consumo desmedido de drogas, tener que enfrentarse a los demonios personales producto de una infancia tan lacerante me parece un trago mucho más difícil de soportar. Tenéis más reseñas en un montón de grandes medios digitales, no hay más que buscar en Google, sin embargo yo, como viene siendo habitual, me centro únicamente en las que encuentro en la blogosfera, que en esta ocasión se reducen a la de Tu nombre en la portada.

14 mar. 2016

Entre fantasmas - Fernando Vallejo

Con un título que recuerda a una serie fantástica de segunda o tercera categoría, Entre fantasmas resulta ser la quinta entrega de una serie autobiográfica a cargo del siempre polémico Fernando Vallejo. Imagino que el orden será cronológico porque el volumen que me ocupa hoy está centrado principalmente en la muerte, con el protagonista quejándose todo el rato de la proximidad de la Parca y haciendo recuento de todos los amigos y familiares que ha ido perdiendo a lo largo de su vida.

Cuesta un poco entrar en el texto porque sigue un hilo de conciencia bastante anárquico que vapulea al lector cambiando de tema casi a cada nueva frase. Muy divertido a ratos y por momentos, muy céliniano (esas interminables retahílas de adjetivos, esos insultos que no paran, esos exabruptos), Vallejo resulta ser un narrador no fiable capaz de contarnos la muerte de su madre de hasta tres formas diferentes. Por suerte para el lector, que puede llegar a perder el norte con facilidad cuando juegan con él de esta forma, el propio escritor en un alarde metaliterario se echa en cara el poco rigor y la poca autoridad que se concede a sí mismo, con lo cual quedamos avisados y por tanto, algo más tranquilos.

Por lo demás, el autor insiste erre que erre con su fobias de siempre, porque filias, excepto a los púberes adolescentes, parece que tiene pocas. Así pues, página tras página asistimos a sus diatribas contra Colombia y su violencia estructural, contra México (país que paradójicamente le concedió la nacionalidad) y su corrupción, contra España a quien considera el origen de todos los problemas de Sudamérica, contra la iglesia católica y su moral ridícula y mojigata, etc. No es que le falte razón en muchas de sus acusaciones, al contrario, yo estoy de acuerdo con sus críticas en un porcentaje abrumador de casos. En mi opinión el problema es que le pierden un montón de detalles de lo más desagradable. Su clasismo y elitismo para empezar, no en vano es hijo de un alto cargo de algún gobierno colombiano. Su racismo exacerbado contra los pueblos nativos sudamericanos, otro. Sus contradicciones cuando habla de derechos de los animales en una página, pero en otra dice que come carne en cuaresma. ¿Pero esto qué es, épater le bourgeois sin medida ni concierto alguno? ¿Épater pour épater? Al final lo que consigue es quedar como un pamplinas, aunque tengo que admitir que me han entrado ganas de leer el resto de libros que componen El río del tiempo, que es el nombre que ha dado a su autobiografía, y no descarto ponerme a ello durante el año en curso. Tenéis más reseñas en Un libro al día y en Orlandiana.

6 mar. 2016

Tú también eres un animal - Kepa Tamames

La tesis básica sobre la cual se fundamenta el movimiento por los derechos de los animales es una y muy simple: el sufrimiento es rechazable siempre, independientemente de la especie animal que lo padezca, y por tanto debe ser evitado bajo cualquier circunstancia. En resumen, el derecho que se reclama para los animales es el derecho a la integridad física y emocional. Con esta sencilla premisa presente en todo momento, el activista animalista Kepa Tamames recoge 116(1) argumentos empleados habitualmente por todos aquellos que justifican el uso de animales en interés del hombre y los rebate desde la lógica más rigurosa, dejando de lado cualquier enfoque emocional. Tú también eres un animal divide esas 116 ideas especistas en 5 grandes bloques: general (relacionados con la supremacía humana en sí misma), comida, entretenimiento, experimentación y otros, cuando no se pueden clasificar dentro de los 4 anteriores. Según nos confiesa, se ha ido encontrando sistemáticamente con las mismas ideas discriminatorias en todos los foros a que ha sido invitado, así que sabe muy bien de lo que habla.

El autor cumple con su objetivo con una precisión incuestionable y un buen ánimo envidiable. Convenientemente numerados, todos esos razonamientos mendaces que pretenden hacernos creer que podemos usar a los animales como si fueran objetos van cayendo uno a uno bajo la fuerza aplastante del análsis racional y objetivo de Kepa. Cada epígrafe hace referencia a todos aquellos otros apartados con  que se puede relacionar por plantear más o menos lo mismo, aunque con ligeras variaciones del enfoque. Se completa cada capítulo con un par de reflexiones de apoyo a la causa del bienestar animal realizadas bien por personajes populares (actores, cantantes, escritores, artistas, etc.), bien por reconocidos filósofos o activistas animalistas, cuyo contenido suele ser más coherente con el discurso del libro. Los primeros -salvo honrosas excepciones con Ouka Leele a la cabeza- se suelen centrar casi exclusivamente en las mascotas o en denuciar aberraciones como la tauromaquia, mientras que los segundos -Jane Goodall, Peter Singer o Tom Regan- muestran total alineación con la defensa de los derechos de todos los animales sintientes desde una óptica antiespecista y vegana. Mención especial merece en mi opinión, la colaboración a cargo de Sabino Méndez, más conocido por ser compositor y guitarra de Loquillo y los Trogloditas. Tras un sesudo rechazo a la tauromaquia desde una punto de vista que intenta ser conciliador y respetuoso con los aficionados, el Sr. Méndez cierra su supuesta aportación en apoyo a los animales mostrando su verdadero ego antropocentrista. Su intervención se resume en que la defensa de los animales es necesaria y digna de elogio, pero totalmente secundaria mientras existan seres humanos cuyos derechos e integridad sigan estando comprometidos. No logro entender por qué se ha incluido esta aportación en el libro(2), ya que refleja justamente una de las diatribas típicas esgrimidas contra el movimiento animalista. Más le valdría a este individuo reflexionar sobre su incoherencia tras leerse los epígrafres 4 y 5 del libro, donde se demuestran el error que supone el falso dilema planteado.

No voy a decir que un libro así no sea necesario, al contrario, el hecho de que se haya publicado es muestra de la progresiva preocupación de la población en general sobre el tratamiento que damos a los animales, y sin duda la concienciación y la educación son las armas que nos ayudarán a conseguir que las jaulas se vacíen para siempre. Lo que dudo es su posible utilidad fuera del ámbito de los simpatizantes y activistas del movimiento animalista. No me imagino yo a un cazador manchego de ésos que cuelgan a los galgos de un árbol cuando acaba la temporada encargando este libro por amazon y volviendose vegano después de leerlo. Pero seamos francos, tampoco hay que irse a un ejemplo tan extremo, por centrarme en mi entorno más próximo ni uno solo de los veintitantos compañeros de trabajo de mi departamento, voraces carnistas que todos los días desayunan, almuerzan, meriendan y cenan carne o productos derivados de la explotación animal, tiene el más mínimo interés en la defensa de los animales desde una perspectiva antiespecista. Estoy seguro de que no quieren que ningún desalmado ahorque a un galgo con alambre y lo deje morir entre estertores. Pero también de cuando en cuando organizan un fin de semana en una casa rural donde se acuerda la compra de un ternero que luego se zampan en un ambiente de lo más entrañable y divertido... entrañable y divertido para todos menos para el ternero, evidentemente. Así que ellos tampoco van a pillar el libro ni por Internet ni en su librería preferida. Como dice Jonathan Safran Foer, vegetariano convencido y simpatizante del movimiento animalista,
“Siempre se puede despertar a alguien que está dormido, pero ningún ruido del mundo, por fuerte que sea, despertará a alguien que finge dormir.”, del ensayo Comer animales
Vamos, que por más que queramos convencer a alguien de un comportamiento inaceptable éticamente (no digo ya en cuanto a nuestra relación con los animales, sino en general), si no tiene intención de corregirse, más nos vale dedicar nuestros esfuerzos a otra cosa. Esto no es más que lo que en psicología se viene denominando disonancia cognitiva: el cerebro humano está preparado para engañarnos a conveniencia si existe conflicto entre nuestras creencias/hábitos y la realidad que se nos presenta. Si el enfrentamiento entre ambos nos causa rechazo/inquietud/dolor, buscaremos de manera semiincosciente la vía de escape más fácil, que no es otra que una sarta de excusas baratas. Debido a ello, después de desgañitarme durante años intentado dar explicaciones sobre los motivos por que abracé el veganismo, yo personalmente ya he dejado de dar mi opinión sobre cualquier tema relacionado con mi decisión cuando se plantea cualquier cuestión relacionada con los derechos de los animales. Mi tolerancia con la estupidez humana es más limitada a cada año que pasa, pero como estoy obligado a vivir en sociedad (nunca tendré el valor de tirarme al monte a vivir en soledad tal y como hizo Henry David Thoreau), en cuanto alguien me viene con la cantinela habitual de "¿De dónde sacas las proteínas?" (explicado en el epígrafe 40), "Hay que comer de todo" (cubierto en el apartado 39) o "Las plantas también sufren" (todo un clásico que se desmonta en el capítulo 45), le pido amablemente, pero con toda la determinación del mundo, que dejemos ese tema en particular porque me abstengo de dar explicaciones. Conociéndome como me conozco, dudo mucho que pudiese mantener el tipo y la calma en un debate sobre derechos de los animales, así pues, mayor motivo para apoyar a activistas como Kepa Tamames por su entereza, su calma y la coherencia de su discurso a la hora de defender a nuestros compañeros terrícolas de otras especies. Tenéis más reseñas en Entre nómadas y La coctelhera; son más breves y menos amargadas que la mía, pero igual de entusiastas con la idea de la liberación animal.


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(1) He leído la edición de 2007 de Martínez Roca. La portada que ilustra el post corresponde a la edición revisada de 2011 publicada en Editorial Manuscritos, y creo haber leído en algún sitio que ha incrementado a 120 las falacias a desmontar.
(2) Espero que al menos su inclusión se haya cuestionado en la reedición revisada.

2 mar. 2016

Éramos unos niños - Patti Smith

Nunca he sentido ningún interés especial por Nueva York. Tampoco es que me vuelva loco Patti Smith, lo poco que conozco de su faceta de cantante es lo que llegó a las radiofórmulas allá por los 1980s. Y ya para redondear el cuadro de apatía, a la fotografía nunca la he equiparado al resto de disciplinas artísticas consideradas clásicas tradicionalmente (pintura, escultura, arquitectura, música, literatura, etc.). Y así las cosas, no se me ocurre otra cosa que leer Éramos unos niños, una autobiografía donde la rockera se centra en su relación personal, afectiva y artística con el reconocido fotógrafo Robert Mapplethorpe y que abarca desde el momento en que se conocieron en el N.Y. de finales de los 1960s hasta la muerte por SIDA en 1989 de quien fue su amigo inseparable.

La verdad es que tengo poca cosa que decir sobre el libro. Literariamente no aporta nada, creo yo. Es una exposición secuencial de acontecimientos, muy plana y simple, también muy precisa y fácil de leer. El desarrollo es bastante previsible si pensamos en quienes éran ellos dos (dos absolutos desconocidos sin oficio ni beneficio) y cuáles eran sus intenciones (triunfar en el mundo del arte). Así que hay mucha probreza y muchas dificultades al principio, pero poco a poco y a base de una tenacidad digna de elogio se consiguen ir abriendo paso en el submundo artístico underground de la capital del mundo. Y a base de esfuerzo, perseverancia y de algún que otro golpe de buena suerte, convenientemente favorecido por estar siempre presentes en todos los focos de interés (clubs, galerías, lecturas de poesía, conciertos de rock, etc.), lograron labrarse un bien merecido nombre.

Hay mucho name-dropping, sin embargo la autora transmite una humildad sorprendente, y si página tras página aparecen mencionados Burroughs, Dalí, Jimi Hendrix o Janis Joplin (por mencionar unos pocos) es porque todos compartieron un espacio y un tiempo muy concreto, así que su presencia resulta natural en el texto. Como punto a destacar, me ha resultado muy interesante el relato de su estancia en el famoso hotel Chealsea, donde cientos de artistas se alojaban gracias a la fascinación de su propietario por el arte, de tal forma que cuando los inquilinos no podían pagar la factura, le ofrecían sus obras a cambio. Aquí lo dejo, teniendo en cuenta mis fobias y filias habituales esto no pasa de ser una lectura entretenida pero irrelevante. Más reseñas y mucho más entusiastas que la mía en Lo que leo lo cuento, el portal LGTB blogmensgo y Las mil notas y una nota. Éste último tiene un post muy completo y detallado sobre el libro, os lo recomiendo.
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