18 feb. 2017

Calle de los ladrones - Mathias Énard

Lajdar es un joven tangerino, poco más que un adolescente, que es repudiado por su familia cuando su padre le sorprende in fraganti manteniendo relaciones sexuales con su prima Meryem. Obligado por tanto a vivir de la mendicidad y a dormir en la calle, deambula sin objetivo alguno por Marruecos durante unos meses hasta que decide volver a su cuidad natal. Allí retoma el contacto con Basam, su mejor amigo a quien conoce desde la infancia y quien le presenta al jeque Nuredine, un seductor individuo de 40 y pocos años procedente de algún estado de la pensínsula arábiga que está al frente del «Grupo Musulmán para la Difusión del Pensamiento Coránico», en cuyas instalaciones hay una mezquita y una pequeña librería en donde empezará a trabajar nuestro protagonista. Acogido por estos islamistas, Lajdar logrará la estabilidad suficiente como para fantasear con un salto a Europa, a lo cual ayudará que inicie tímidamente una relación amorosa con Judit, una joven catalana que estudia filología árabe y a quien ha conocido mientras ella recorría Marruecos de vacaciones. A todo esto se suma que la acción transcurre en 2011, con los efectos de la denominada Primavera Árabe desestabilizando regímenes con las libertades muy restringidas y exigiendo la apertura democrática del mundo árabe. Las actividades del carismático jeque, su grupo y su amigo Basam, quien parece totalmente anulado por la personalidad del árabe, empiezan a leavantar sospechas en Ladjar cuando los actos violentos, comenzando por palizas a infieles, entran a formar parte de sus actividades. El joven se desvincula del grupo, cuya sede es destruida por un misterioso incendio pocos días después de un atentado terrorista en Marrakech, y cambia de trabajo, lo cual le permitirá, con el tiempo, trasladarse a España y tras pasar algún tiempo en Algeciras, marcharse a Barcelona en busca de Judit. Pero lamentablemente para él y aunque en global su experiencia en la ciudad condal le está resultando positiva, las cosas se complicarán tras la inesperada aparición del jeque y Basam en Barcelona por un viaje de negocios, tanto que conducirán a Lajdar a un callejón sin salida.

Para quien no lo recuerde, mi toma de contacto con Mathias Énard hace unos años fue de lo más insulsa (El alcohol y la nostalgia). Sin embargo tras la concesión del premio Goncourt de 2015 a Brújula me quedé con las ganas de reintentarlo, y creo que he acertado de pleno con Calle de los ladrones. Para empezar la trama general sobre la atribulada vida del joven protagonista, tanto en sus numerosas desgracias como en sus contadas fortunas, ha conseguido rememorar las mismas estúpidas -pero agradables- sensaciones asociadas a la ilusión por empezar a vivir la vida adulta, promesa de una felicidad que en realidad difícilmente existe (una revelación que yo he tardado en aceptar pero que el protagonista se verá forzado a asumir bien pronto). A esa edad todos hemos experimentado las ganas de comernos el mundo en mayor o menor grado; lo terrible en mi caso es que incluso el simple recuerdo de dichas ansias por vivir, de la cuales se me van agotando las reservas, había sido totalmente enterrado por toneladas de actos rutinarios acumulados durante años. Y aunque en perspectiva no puedo evitar pensar que resultan ingenuas, me siguen pareciendo estimulantes. Es evidente por otro lado que el origen y contexto en que se mueve Ladjar es probablemente más complicado que el de la media, o al menos la media de la población de los países occidentales. Mayor es por tanto el mérito de sus incansanbles intentos de mejorar su existencia y también la habilidad de Énard a la hora de transmitirlo. Tanto es así que no en pocas ocasiones ha conseguido conmoverme a mí, que ando todo el día jactándomoe de una pretendida misantropía sin otra manifestación real que algún exabrupto cuando se tratan cuestiones animalistas. Y es que en el fondo soy un pedazo de pan, aunque con cortezones muy resecos por según que zonas, tampoco nos engañemos.

Dejando confesiones personales a un lado y volviendo a la reseña, la narración destaca igualmente por su fiel reflejo de la actualidad política mundial. Las revueltas aperturistas árabes y la crisis económica mundial tienen una presencia importante que, como no podía ser de otra forma, condicionan los hechos recogidos en la ficción. También brillan con luz propia las dos principales ciudades en las que transcurre la acción: Tánger y Barcelona. La descripción de las mismas, en tanto en cuanto forman la geografía vital del protagonista, juega un discreto papel que sin embargo enriquece enormemente la lectura. Ahora me diréis que yo siempre critico las novelas en las que se citan plazas, avenidas o calles de las ciudades en que se desarrolla la acción (especialmente Nueva York o Londres), como si su sola mención debiera despertar una conexión mística inmediata con el acontecimiento narrado. Sí, no lo voy a negar, así es; me he quejado de ese vicio más de una vez y más de dos. Se me podría echar en cara que conozco relativamente bien Barcelona, una ciudad que me encanta, de ahí que cuando Lajdar se mueve por sus barrios, esquinas o calles (incluso el carrer d'En Robador origen del título de la novela) no pueda evitar que sus imágenes aparezcan en mi mente. Sin embargo nunca he visitado Tánger, y a pesar de que temporalmente aparece en la trama antes que Barcelona, los efectos de las referencias urbanas que el escritor incluye eran exactamente los mismos.

En fin, para qué enrollarme más, podría seguir mencionando cosas que me hen encantado de esta historia, como la pasión de su protagonista por la literatura y los libros, pero voy a dejarlo aquí. Por si a alguien le quedan dudas, me acabo de convertir en el fan número uno de Mathias Énard de mi bloque y probablemente de mi calle. Recomendada sin reserva alguna, volveré sin duda a su obra y espero que no me defraude, porque el único fallo que puedo poner a esta novela es que el desenlace final me parece un poco forzado, aunque el experto en cuestiones árabes y persas es el autor, sin duda sabrá mejor que yo lo que podría pensar un tipo como Lajdar. Tenéis más reseñas en Fantasymundo y Universo la Maga, ambas tan entusiastas como la mía y la última, bastante extensa además.

2 comentarios:

Palimp dijo...

Apuntado queda.

Cities: Moving dijo...

@Palimp: Espero que te guste. Yo tuve un cumpleaños hace un par de semanas y no dudé en regalarlo al homenajeado, que por el momento parece que lo está disfrutando.

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