31 mar. 2017

El Uno - Rick Veitch

A mediados de los 1980s un empresario capitalista sin escrúpulos llamado Itchy Itch provoca una batalla naval entre los EEUU y la URSS. Como una de sus compañías fue adjudicataria de los sistemas de control de todos los buques de la armada norteamericana, aprovechó para introducir  software malicioso que le permitiera apoderarse de ellos. El objetivo de esta acción tan destructiva no es otro que chantajear a los gobiernos mundiales y hacerse aún más rico y poderoso. Al primer ministro soviético Mikhail Kubalov no le tiembla la mano a la hora de atacar con misiles nucleares y el presidente de USA McKenzie hace lo propio en respuesta. El pánico ante el holocausto atómico se apodera de la población de la Tierra. Sin embargo, las cabezas atómicas no estallan. En ninguno de los bandos. En el caos que acompaña el inicio de esta contienda de escala global conoceremos a Egypt, una joven e irresponsable artista con un hijo de 8-10 años al que presta poquísima atención. Junto con sus compañeros de piso, Doc Benway, que sigue idolatrando el movimiento hippy, del que formó parte en los 1960s, el hijo de este último, Jay-Hole, un delincuente de tres al cuarto, y Guda, una joven afroamericana, entrarán en contacto con El Uno, un superhéroe desdoblado en dos cuerpos. Por un lado es un extravagante y místico cuarentón, y por otro, un hombre volador de fuerza extraordinara que viste unas mallas ajustadas que le cubren de la cabeza a los pies y que como se demuestra bien pronto, es quien ha inutilizado el arsenal nuclear de los dos grandes bloques.

Se me acumulan los cómics y como no tengo costumbre de leerlos no les doy salida. Así que voy a enmedar esta situación y me he propuesto leer al menos uno al mes, empezando muy por los pelos en marzo. A Rick Veitch le conocí hace tan solo unos meses cuando me leí The Supreme-El retorno de Alan Moore, ya que es uno de los principales dibujantes de esa serie. No obstante, en El Uno firma tanto el guión como la parte gráfica. Estamos ante una obra que según palabras de Moore en el prólogo a esta edición, revolucionó el concepto de cómics de superhéroes apenas un año antes (se publicó en 6 entregas entre 1985–1986) que su aclamada obra Watchmen. A mí no me ha extrañado encontrarme con una demencial crítica a la guerra fría y al capitalismo salvaje por mucho que se trate de una novela gráfica de superhéroes. Con ello quiero indicar que me parece un formato tan válido como cualquier otro, porque de hecho la mayoría de cómics que he leído, que no son muchos, han sido casi siempre sátiras o dramas. En cualquier caso, entiendo que esta obra conmocionara el género si anteriormente se venía asociando a la simple aventura, porque si por algo destaca esta historia es porque no de deja títere con cabeza. Se trata de una feroz crítica al capitalismo gestada en los oscuros años del presidente Reagan, cuando la escalada de tensiones entre los dos bloques sociopolíticos mundiales hacía pensar que el enfrentamiento a gran escala era inevitable. El Armaguedón atómico se detiene por la intervención de El Uno, que recoge toda la influencia de la espiritualidad New Age y la hipótesis Gaia que considera a la Tierra como un organismo vivo. Sin embargo las hostilidades continúan mediante supersoldados resultado de experimentos secretos de muy dudosa ética llevados a cabo en ambos lados: los supestos hermanos Charlie y Amelia desde EEUU y el Übermensch Bog por la Unión Soviética. Por otro lado nuestro superhéroe de doble entidad tendrá que enfrentarse además a El Otro, personificación del lado malvado que todos los humanos llevamos dentro.

En el apartado gráfico, todo el volumen se compone de viñetas en abundantísima tinta negra, adoptando el feísmo típico del cómix underground cuando se quiere transmitir desagrado y asco, algo que funciona de maravilla con las expresiones de los rostros. La única excepción se da al recurrir a unas imágenes digitales en forma de círculos concéntricos que cubren la cara de El Uno, y además funcionan como su marca de identidad. En realidad las viñetas son diametralmente opuestas al perfeccionismo y alto grado de detalle y cuidado del color de Supreme, lo cual demuestra el gran talento y versatilidad como dibujante de este artista. En resumidas cuentas, una obra interesantísima y totalmente recomendada cuyo mensaje comparto de cabo a rabo. El único punto negativo es que me deja un ligero poso de nostalgia por no haber podido leerlo en su momento, cuando fue realmente pionera cuestionando la sociedad occidental basada en el capitalismo y el consumismo, críticas que afortunadamente hoy día tienen mucha mayor difusión. Esa sensación de llegar tantos años tarde a un trabajo tan preclaro me jode, la verdad. Tenéis más reseñas en Zona negativa y Sobre historieta.

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