29 may. 2017

El Maximortal - Rick Veitch

En 1908 en Tungus, en la profundidad de Siberia, y tras la explosión de origen desconocido que generó un enorme cráter, se materializa una extraña mujer  dotada de super poderes. Esta super entidad femenina copula con un cazador y genera un huevo con un pequeño vástago que lanza al espacio. El huevo regresa a la Tierra en forma de meteorito diez años después, cayendo en las proximidades de Vistación, en California. Un matrimonio buscador de oro que vive en los alrededores, se acerca a ver que ha ocurrido y se encuentra con un niño de unos 10 años dentro del bólido. La mujer, que sufre visiones místico-religiosas por algún tipo de trastorno mental, adopta inmediatamente al pequeño, dándole el nombre de Wesley. El crío no pierde el tiempo y sin que sepamos el motivo empieza a decapitar a todos los habitantes del pueblo y a guardar las cabezas en un silo. El ejército logra reducirle y no volvemos a saber de él hasta que en 1943 el doctor Robert Uppenheimer (sic), jefe del proyecto Manhattan, se interesa por un pequeño cobertizo que hay en las instalaciones militares de Los Álamos, Nuevo México, donde estudia la viabilidad de la bomba atómica. Llevado allí por una premonición totalmente irracional, se encuentra con un baúl que alberga en su interior a ese pequeño monstruo hibernando dentro del recipiente original que le trajo a nuestro planeta.

Como podéis comprobar sigo manteniendo mi promesa de dar salida a los cómics que tengo acumulados leyendo por lo menos uno al mes. En mayo le ha tocado el turno a El Maximortal, otra novela gráfica sobre superhéroes que firma Rick Veitch. En esta ocasión, se trata de un homenaje al género a través de una sátira histórica sobre la génesis del personaje de Superman. De esta forma, en 1937 entran a formar parte de la trama el guionista Jerry Spiegel y el dibujante Joe Schumacher (trasuntos de los creadores del Hombre de Acero, Jerry Siegel y Joe Shuster), que venden su idea de True Man a Sidney Wallace, un mafioso editor de Cosmo Comics que los engaña como a unos pardillos. True Man resulta ser un trasunto literario del extraño superhombre recluido en Los Álamos, de hecho, algunas de las historias que idea Spiegel reflejan exactamente los planes que el gobierno de los EEUU tiene planeado este superhéroe.

Este volumen me ha parecido tremendamente anodino e insustancial. No voy a negar que la incorporación personajes y sucesos históricos reales le da cierta originalidad. También toda la crítica a la industria y sus sucias artimañas, incluyendo la estafa a los creadores o la mercantilización consumista de los personajes, resulta de interés desde un punto de vista de cultura general. Sin embargo, el hilo argumental es bastante flojo y si por algo destaca es por todos los aspectos que quedan sin explicar o por los giros sin coherencia ni justificación alguna. A modo de epílogo el propio Veitch se marca un pequeño ensayo sobre la relación entre los superhéroes de los cómics y el Übermensch de Nietzsche, donde además aclara todas las equivalencias históricas entre el Maximortal y el mito de Superman. En los aspectos gráficos, el formato es exactamente el mismo que en El Uno: tinta negra y cierto feísmo underground, aunque con menos profusión que en áquel. Para que podáis leer otras opiniones, os recomiendo que echéis un vistazo a las reseñas de Zona negativa y Entre cómics. Las dos han quedado mucho más convencidos que yo y recogen aspectos importantes que yo no he mencionado, lo cual puedo reconocer sin problema y sin tener que cambiar mi impresión global de esta obra. 

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