9 may. 2017

Los impostores - Alfred Bester

El doctor Damon Krupp y su ayudante la doctora Cluny Decco llevan a cabo un ambicioso experimento: la Potenciación Fetal Generada con Maser por Emisión Conjuntiva de Radiación. Cuando trasladaban al niño probeta a la Cúpula de la Universidad OxCam en Marte, todavía flotando en un vientre Maser, la nave se estrella en Ganímedes. Los científicos mueren, pero el niño es salvado y adoptado por el rey maorí de esa luna de Júpiter. Treinta y pico años después conoceremos a Rogue Gallery Winter, el niño rescatado y heredero del trono maorí de esa colonia. Trabaja como periodista para Solar Media, una agencia de noticias de la Tierra. La potenciación a que fue sometido durante su gestación in vitro le ha convertido en un sintetista, lo cual le permite percibir patrones ocultos y vínculos subyacentes en todos los elementos con que se encuentra. Una compañera de trabajo, Demi Jeroux, que es una titánida polimorfa procedente del satélite de Urano, se enamora de él y empiezan una tórrida relación. A partir de ahí sus vidas se verán envueltas en una disparatada trama noir sobre el contrabando de meta, la nueva energía que mueve el Sistema Solar, que les hará pasar por mil y un peligros.

Los impostores es una novela muy chorra redactada en clave humorística pero que a mi no me ha hecho demasiada gracia. Alfred Bester la escribió a principos de los 1980s, después de haber abandonado la literatura a finales de los 1950s para dedicarse a trabajar en una revista de viajes y estilo, de la que llegó a ser redactor jefe. Todas las referencias a este autor dicen que su vuelta al género, aunque muy esperada por los aficionados, resultó más bien un fiasco. Lo cierto es la que hoy reseño está a años luz por detrás de El hombre demolido o Las estrellas, mi destino. Es muy acelerada y no tiene cohesión global. No se trata más que de una recopilación de gags ocurrentes, absurdos o ingeniosos que se van sucediendo los unos a los otros para hilar una trama bastante endeble y sin otro propósito provocar la risa, algo que no siempre consigue por más que lo intenta. También el hecho de que exista un doble narrador hace que la lectura sea algo molesta: Rogue por un lado, que tiene una visión parcial de lo que ocurre; Odessa Partridge por otro; se trata de una directora de algún tipo de agencia de contraespionaje que tiene una perspectiva más amplia de lo que está pasando. Bester alterna entre ellos a su conveniencia y a cada poco. Del Rogue en primera persona a la Odessa en tercera. Esto me ha parecido un incordio, no solo por forzar un cambio de punto de vista de un párrafo a otro, sino porque además te hace dudar de quién es realmente el personaje más relevante en la historia. Para finalizar y por curiosidad, indicar que el norteamericano, al igual que hizo con los otros dos títulos comentados más arriba, recurre de nuevo a los caligramas, aunque el efecto de los mismos en este caso deja bastante que desear, tanto estética como conceptualmente.

Resumiendo, aunque no es un tostón con las seis letras, la impresion final es de pérdida de tiempo absoluta. Mil veces más interesante sin duda el periodo clásico de este escritor. Tenéis más reseñas en el Sitio de Ciencia-Ficción, Fantasymundo y Recomendaciones (o no) de Mt. En los tres casos coinciden con mi opinión, aunque alguna otra encontraréis por la blogosfera que dice justo lo contrario.

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