30 may. 2013

Estación de Tránsito - Clifford D. Simak

Estación de Tránsito nos cuenta la historia de Enoch Wallace, un veterano de la Guerra de Secesión estadounidense nacido en 1840 y que a mediados de los 1960s sigue vivo y aparentando estar recién entrado en la treintena. Esto se debe a que está a cargo de una estación intermedia de la red de transporte espacial que la Central Galáctica decidió instalar en la Tierra para facilitar los viajes a cierta rama de la Vía Láctea. El nodo de esta autopista espacial (camuflado dentro de su propia vivienda), está situado en mitad de una zona rural semidespoblada de Iowa, lo cual ha favorecido que la labor del protagonista haya pasado desapercibida durante lustros, pero por casualidad un agente de la CIA de vacaciones por los alrededores escucha rumores y tirando del hilo descubren este insólito caso, lo cual traerá problemas al guardián y dará contenido a la narración.

La verdad es que para estar escrita en 1966, la historia es terriblemente ingenua (es decir, mala). Clifford D. Simak no hace más que volcar mucha sensiblería y mucha cursilería sentimentaloide página tras página. Qué solo está el pobre Enoch. Qué grandes y profundas amistades ha entablado con algunos amables y remotos seres de otros planetas que han descansado unos días en su posada interestelar. Qué frustrante no poder compartir con el resto de los seres humanos el escaso pero aprovechable conocimiento extraterrestre que ha ido acumulando durante sus años al frente de la estación. Qué comprensivos son los agentes de la CIA cuando Enoch les explica el drama a que se enfrenta.  Además introduce elementos fantásticos que no hacen sino empeorar las cosas: por un lado existe un extraño Talismán que permite la comunicación de los habitantes de la galaxia con una entidad espiritual superior omnipresente; por otro una joven y guapa chica sordomuda, vecina de una granja limítrofe, parece poseer una maravillosa percepción extrasensorial y unas mágicas habilidades curativas. En fin, un batiburrillo de los más ñoño con que el autor pretende salvar a la Tierra de la amenaza de guerra y holocausto termonuclear que acecha tras las esquina. Probablemente lo único contemporáneo de la novela es haber introducido el elemento de la Guerra Fría en la misma, dado que todo lo demás parece más propio de la Edad de Oro de la Sci-fi. Lo cual, curiosamente, es motivo de que en el fondo la novela peque de entrañable (traducido: mala pero que toca la fibra sensible), y despierta sensaciones como de crío a quien su abuelo le cuenta un cuento con final feliz antes de irse a dormir y le hace sentirse amado y dichoso. Una soberana estupidez, desde luego, pero por más que yo aborrezca esas inútiles sensaciones bobaliconas de que está dotado el ser humano, como lo soy, de vez en cuando también las experimento.

Por resumir, se lee en un pis-pas, pero en mi opinión el interés de la misma roza el cero. Visto lo visto, no me extraña que en su momento Stanisław Lem pusiera a caldo a la scifi estadounidense (con la excepción de Philip K. Dick, claro). Más reseñas de este libro en el Portal de Ciencia-Ficción, Las Vacaciones de Holden y El Jardín del Sueño infinito.

26 may. 2013

Cuentos Completos II - Philip K. Dick

Algo más de un año después de terminar la primera entrega, la emprendo con Cuentos Completos II, el segundo volumen de la colección que recoge toda la producción de narrativa breve de Philip K. Dick. Los 28 relatos que incluye están escritos entre 1952 y 1953 y publicados en diversas revistas del género entre 1952 y 1955(1). Como bien indica Norman Spinrad en el prefacio, este autor obvió las temáticas habituales en la época, que giraban casi siempre en torno a las aventuras espaciales y la space-opera, para volcar desde el comienzo de su carrera sus obsesiones personales: las distorsiones en el tejido espacio/temporal, las paradojas de los viajes en el tiempo, la conquista del espacio entendida como expansión colonial y comercial de la Tierra, la omnipresente y asfixiante presencia de la Guerra Fría, los límites de la realidad y de la percepción del yo, etc. He detectado no obstante cierta evolución sobre el volumen anterior, en el sentido de que los relatos tiene un tono más oscuro y sarcástico, con finales terriblemente sombríos y pesimistas que demuestran la poca fe de Dick en la Humanidad: robots que termina volviendose contra sus creadores, a veces subyugándolos y en otras ocasiones llevándolos casi a la extinción; la codicia y la ambición desmesurada del ser humano, que no hace más que aniquilar planetas; el precio del progreso tecnológico resulta ser la desaparición del hombre; etc. También son sorprendentes los relatos que entran más en la fantasía que en la ciencia-ficción (no creo que sean más de cinco/seis en total), en donde individuos normales y anodinos se ven envueltos en situaciones irreales carentes de explicación racional que consiguen llevarles al límite de la cordura.

En definitiva mucho material para leer, con argumentos muy originales y un mensaje crítico de fondo, aunque como bien dice el prologuista, no todos sean redondos. Ni que decir tiene que seguiré incorporando el resto de tomos de esta colección de Minotauro a mi biblioteca. Como curiosidad final, este libro recoge dos cuentos que han sido fuente de inspiración de algunas películas, se trata de "Recuerdos al por Mayor" (1965), base de la conocidísima Total Recall (aka. Desafío Total), tanto de la version de Paul Verhoeven de 1990 como del remake de 2012 a cargo de Len Wiseman, y "Equipo de Ajuste" (1953), punto de partida del guión de The Adjustment Bureau (aka. Destino Oculto, George Nolfi, 2011), una película que pasó sin pena ni gloria por la cartelera española.

Tenéis una reseña muy completa e interesante sobre los Cuentos Completos de Philip K. Dick en Bibliópolis.


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(1) Excepcionalmente, "Recuerdos al por Mayor" data de 1965 y fue publicado el año siguiente. Este cuento no aparece recopilado en la entrada de este libro en La Tercera Fundación, imagino que ha sido incluido en posteriores reediciones/reimpresiones (la que yo tengo es la cuarta reimpresión, fechada en 2013)

22 may. 2013

El Pan a secas - Mohamed Chukri

El Pan a secas es el relato en primera persona de las miserias y las terribles experiencias que vive el autor en sus primeros 18 años, mes arriba, mes abajo. Unas y otras vienen motivadas por las durísimas condiciones de vida en el Marruecos de finales del protectorado francés y español, y además, por un padre cruel y alcohólico cuyo comportamiento entra de lleno en lo que hoy definimos como psicopatía. A pesar de las espeluznantes condiciones de su existencia (hambre, abandono, palizas, etc.) y las difíciles pruebas que le pone la vida siendo aún prácticamente un niño (traiciones, delincuencia, cárcel, etc.), resulta admirable que Mohamed Chukri siga siendo una buena persona.

Por lo demás, a nivel narrativo la verdad es que yo le he encontrado bastante poco interés. Es un libro con un lenguaje sencillo y muy accesible que se lee en un par de sentadas. Además, como recoge los primeros años de vida, nos vemos enfrentados a un relato exhaustivo de los típicos intereses de la adolescencia: sexo, alcohol y drogas, eso sí, con las dificultades añadidas que dichas actividades tienen al desarrollarse en un país islámico. Así que página tras página el autor se lo monta furtivamente con jovencitas marroquís decentes, o pasa la noche bebiendo y follando con prostitutas, o se hace una gayola pensando en las tetitas de una francesa en cuya casa sirve durante una temporada, o tiene un singular escarceo homo con un jovencito al que practicamente viola en un calentón, etc. etc. Y para de contar. Al margen de toda aventura extraliteraria sobre censura que rodea al libro, hay detalles históricos sobre Marruecos que a mí, en mi gran desconocimiento de la Historia del mundo en general, siempre me van bien, pero vamos, que si no lo hubiera leído tampoco me habría perdido gran cosa.

Tenéis una reseña muchísimo más entusiasta que la mía en Diarios/Détour, cuaderno de apuntes y otra más equilibrada en The Kankel.

18 may. 2013

334 - Thomas M. Disch

Tras la inmejorable impresión que me causó Los Genocidas y a raíz del comentario de el convincente gon sobre esta novela, tuve que ponerme manos a la obra para conseguir 334 en los websites de venta de productos de segunda mano. Hacía meses desde la última vez que rastreaba libros descatalogados y me agrada confirmar que no he recaído en el hábito, que bastante tengo ya con amazon España.

334 es en realidad una colección de relatos cortos (otro fix-up, típico de la ciencia-ficción). Ambientados en Nueva York alrededor del año 2024, nos dan a conocer la vida de un grupo de personas que viven en un edificio (el 334 Este Calle Undécima) gestionado por el programa federal MODICUM para personas en riesgo de exclusión. El mundo en que se desarrolla tiene características claramente distópicas: la superpoblación ha obligado al estado a efectuar un control de natalidad global diluyendo anticonceptivos en el agua coriente, existen un complejo sistema de catalogación de la población en base a sus características genéticas y aptitudes intelectuales que les concede o imposibilita el acceso a ciertos privilegios, etc. Por otro lado también se trata de un futuro bastante avanzado en cuestiones sociales, enlazando así con las preocupaciones políticas habituales en la New Wave: la homosexualidad está totalmente normalizada, el uso de psicofármacos tanto para uso recreacional como terapéutico es libre y legal, se fomentan y facilitan las relaciones sexuales de cualquier tipo, siendo la prostitución una actividad regulada carente de connotaciones negativas, etc. No obstante, el perfil socioeconómico de los personajes elegidos por Thomas M. Disch le permite mostrar lo peor de ese futuro distópico en que se desarrolla la acción. En cada historia nos encontramos ya sea con seres marginados por su baja puntuación en los tests de clasificación personal, o bien personas obligadas a delinquir para sobrevivir, o familias completamente disfuncionales cuyos miembros se hacen la vida imposible pero que están obligados a soportarse.

El mayor peso de la narración se lo lleva una familia de afroamericanos (negros en la traducción) residentes en el bloque 334, los Hanson. La madre viuda, sus dos hijas, Lottie, también viuda a raíz del suicidio de su marido de origen hispano, y Gamba, una lesbiana de gran espiritualidad; los nietos por parte de Lottie, Amparo y Mickey; y también es residente ocasional su hijo Boz, que se refugia en el apartamento de su madre cuando las cosas no le van bien con Milly, su mujer,  también criada en el 334. Todos ellos compartiendo una vivienda de dos dormitorios en la planta 18 y con el ascensor estropeado desde hace años. Yo personalmente he tenido dificultades para hacerme una composición correcta de personajes hasta bien entrado el texto, dado que son muy numerosos. Además las historias están fechadas individualmente, oscilando entre el 2012-2026 (más o menos), así que a veces nos movemos en un contexto cuya justificación argumental no conoceremos hasta que leamos un relato posterior, pero fechado años atrás. Tengo que admitir que esto me ha resultado bastante incómodo, sin embargo, y siempre para mi gusto, se ve compensado por la sinceridad, honestidad y brutalidad de los hechos y situaciones descritas. La narración de la vida en ese futuro que resulta tan parecido a la realidad actual, las miserias cotidianas a las que nos vemos expuestos, la desesperación y el egoismo de los personajes... y de repente como contraste salvaje, increíbles momentos de lucidez o sublimes detalles de amor/afecto/cariño, tan auténticos y cercanos que resulta imposible no emocionarse.

Resumiendo, seguiré leyendo a Disch, sin duda uno de los descubrimientos más interesantes que he hecho en los últimos meses. En esta ocasión para conocer otras opiniones de este libro os recomiendo echar un vistazo a los comentarios de los usuarios de La Tercera Fundación. También en Asunto Literario hay unos apuntes sobre esta novela en un artículo más amplio dedicado al autor a raíz de su suicidio en 2008. Por cierto, un último apunte aprovechando la infame portada que me he visto obligado a pasear durante cinco días metro arriba, metro abajo. No entiendo la afición que hay en la scifi y la fantasía por incluir cubiertas figurativas mostrando una visión del futuro (o de mundos imaginarios) que a mi casi siempre me provocan vergüenza ajena. La respuesta a dicha infamia es muy sencilla y se llama abstracción. Una portada con alguna composición geométrica a base de líneas, circulos y/o cuadrados en varios colores te soluciona el problema y te garantiza la perdurabilidad de la portadas en el tiempo. Perdón por el exabrupto, pero si no lo digo, reviento.

14 may. 2013

El difunto Matías Pascal - Luigi Pirandello

Hay dos partes claramente diferenciadas en El difunto Matías Pascal. La primera de ellas, que en extensión apenas cubre un cuarto del libro, es prácticamente una novela costumbrista en donde Luigi Pirandello hace una magnífica descripción de la vida y hábitos del protagonista, Matías Pascal, y su desdichada familia. Todo ello repleto de divertidísimos momentos y temperamentales exhibiciones de carácter por parte de su entorno: la suegra, la tía paterna, la madre, el malvado administrador, etc. Tengo que admitir que esta parte de la narración tiene mucha gracia, con todos esos italianos haciendo gala de los estereotipos nacionales: exaltadas defensas de cada miembro de la familia, vehementes ataques a los enemigos, truculentas traiciones, apasionadas transiciones de la indeferencia a la devoción, etc. Sin embargo y a pesar de haberme resultado super entretenida, el objetivo de la misma es simplemente introductorio, pues al darnos a conocer la triste situación personal de Matías podemos entender con mayor facilidad los motivos que tiene para desaparecer en cuanto tiene oportunidad. Efectivamente, lo que iba a ser una escapada de unos días a Montecarlo, donde la fortuna le sonríe y le hace ganar mucho dinero en la ruleta, se convierte por azar en una oportunidad para comenzar una nueva vida lejos de todo lo que había conocido. Cuando regresaba a su hogar en Miragno tras una ausencia de la cual no había dado cuenta a nadie, lee en el periódico local que ha sido dado por muerto. Para su sorpresa, familia y amigos le han confundido con un cadáver que aparece ahogado en la presa de un molino antigua propiedad familiar, al cual él tenía gran afecto y donde ya había protagonizado escenas equívocas tras la muerte de su madre y su hija. Así pues, sin pensarselo demasiado y con miles de liras en el bolsillo, decide aprovechar la coyuntura y desaparecer, empezando una nueva vida en que gozar de una libertad que hasta el momento le había sido negada.

Y es aquí donde entramos en el grueso de la novela: un completísimo análisis de la construcción de la identidad y de sus implicaciones por vivir en sociedad. Oscilando entre la filosofía y la sátira, siempre con un lenguaje muy accesible, nos topamos con las dificultades que el nuevo Pascal, ahora llamado Adriano Meis, tiene a la hora de concebir una persona desde la nada. Su felicidad inicial, reforzada por excitantes viajes por Europa, se ve castrada por completo a la hora de establecerse en Roma. Al llegar a la ciudad eterna se encuentra con problemas de toda índole, desde los administrativos, pues para el Estado no existe, hasta el aislamiento personal al que le llevan las constantes mentiras que se ve obligado a contar para salvaguardar su pasado. Los engaños y los embustes le impiden abrirse y entablar relaciones de cierta intensidad con sus semejantes, algo intrínseco a la naturaleza humana. Tras una rocambolesca historia en la casa de huéspedes donde se había instalado, Meis se ve obligado a simular un suicidio para huir, pues sus constantes enredos para ocultarse le estaban delatando antes su compañeros de pensión, a quienes ya se sentía muy cercano. Tras este nuevo fallecimiento, el protagonista decide, desesperado, volver a su pueblo, donde tras otra entretenidísima y breve sección final en la cual se regulariza la situación con su entorno familiar, podrá volver a ser él mismo en las condiciones que él desea, al margen de presiones sociales.

Resumiendo, muy divertidas las secciones costumbristas, justo al principio y al final. Todo el estudio sobre las particularidades y consecuencias de iniciar una vida desde cero con una nueva indentidad, aunque interesante, resulta demasiado obvio. Eso sí, se agradece que esta parte también esté repleta de detalles humorísticos. Más reseñas en Solo de Libros y No tan resumido.

10 may. 2013

Staten Island - Arthur Nersesian

A principios de los 1970s unos multitudinarios atentados terroristas en Manhattan configuraron una realidad alternativa sobre la que se construye Staten Island, una ucronía en toda regla a cargo Arthur Nersesian. Aprovechando unas instalaciones militares imitando Nueva York prácticamente en tamaño real y construidas en los 1940s en mitad del desierto de Nevada para prácticas de tiro, el gobierno de los EE.UU. traslada a las mismas a los neoyorquinos indeseables o simplemente pobres, a refugiados de catástrofes naturales, así como a todos los elementos que considera subversivos, creando en la denominada Ciudad Refugio un complejo nucleo de población de más de un millón de personas. Nadie sabe cómo escapar de allí y la supervivencia se ha vuelto un difícil arte. Es en una carretera de Ciudad Refugio en una mañana de finales de 1980 donde aparece el protagonista, Uli. Le han borrado los recuerdos y le han implantado una idea en la mente: matar a Dropt, que resulta ser uno de los dos candidatos a alcalde en las elecciones que están a punto de celebrarse. Desde la primera línea de la narración nos movemos con Uli por ese extraño paisaje urbano donde se mezclan imitaciones reducidas en altura de conocidos edificios, decorados de cartón-piedra y devastación, resultado tanto de los bombardeos aéreos originales como de los desmadres de los habitantes del lugar. Sin saber a quién recurrir ni en quien confiar, el lector acompañará a este supuesto asesino en su deambular por este paraje sin igual.

La influencia de Philip K. Dick en esta novela es innegable: la amnesia del protagonista, el ritmo incansable de sus correrías para buscar una salida, individuos con capacidades psi potenciadas por implantes tecnológicos, la sobreabundancia de personajes, drogas y  violencia, los entramados políticos a los que se enfrenta y la acción trepidante son elementos típicamente dickianos. Por otro lado la realidad divergente en que transcurre la trama tiene elementos muy originales y bien pensados: Nixon no dimitió por el escándalo Watergate, antes al contrario, los periodistas Bernstein y Woodward han acabado en Ciudad Refugio por suponer una amenaza de estado. Cuando Nixon terminó su presidencia en 1976, Ronald Reagan fue elegido nuevo presidente de los EEUU. Todo aquel que se ha opuesto a la Guerra del Vietnam ha sido catalogado como terrorista y trasladado a esta ubicación de Nevada. Allí están entre otros, grandes activistas y popes de la (contra)cultura norteamericana de los 1960s y 1970s, como Allen Ginsberg, Abbie Hoffman o un Andy Warhol de nombre tergiversado. En definitiva, una historia muy original y entretenida, desde luego, pero que no ha llegado a convencerme por exceso. Son demasiadas incógnitas, demasiados personajes que parecen improvisados, demasiados hilos argumentales abiertos que en realidad no tienen importancia real y dos páginas finales en las que tras recuperar la memoria, Uli da una explicación al motivo de su estancia en Ciudad Refugio que parece igualmente, sacada de la manga. Si ha habido ocasiones en que ni siquiera Dick se ha librado de mis críticas por ser demasidado dickiano, Nersesian no iba a ser menos.

Tenéis otras revisiones de este libro en Errata de Videoteca (con un post muy interesante donde para mi sorpresa, detectan en la obra una clara influencia ballardiana) y en Bendito Atraso. En ambos casos quedan dudas más que razonables sobre la calidad de la novela.

6 may. 2013

El Koala asesino - Kenneth Cook

Estoy seguro de que todo el mundo tiene el típico amigo/conocido que a la más mínima se pone a contar anécdotas. De la mili los más viejunos, de una Erasmus en la Universidad de Osnabrück (Baja Sajonia) los más jovenzunos, o algo que te petas de risa que pasó en aquellas vacaciones para el resto. Si estás tomando unas cervezas en un ambiente distentido tienen su gracia, y cuando hay confianza llega un momento en que el pozo se agota y ya te las conoces todas. Pero bueno, el alcohol tiende a relativizar esos aspectos y sigues riendote igual, incluso aprovechas para enlazarlas con las propias, improvisar alguna mezclando ficción y realidad, etc. Ahora bien, poner esas anécdotas por escrito y tratar de hacerlas pasar por relatos cortos humorísticos son palabras mayores. Lo que puede hacerte reír mientras tomas una caña con tus amigos pierde totalmente la gracia y el sentido cuando lo lees disfrazado de narrativa. Y justamente eso es lo que recopila Kenneth Cook en El Koala asesino: un total de quince anécdotas sin demasiada chispa que al transcurrir en Australia cuentan con el atractivo de lo inusual e inhóspito de aquel territorio, pero que en el fondo, resultan tan pesadas, cansinas y faltas de interés como las historietas del pariente lejano que por sorpresa visita a tu familia una tarde de domingo.

El 100% de las anécdotas se cuentan en primera persona por el autor y responden al siguiente formato: fauna autóctona mortífera que pone en peligro la vida del narrador y de la que se da buena cuenta a base de disparos, explosiones, golpes y lo que haga falta. Hablamos de cocodrilos estuarios, serpientes venenosas, tiburones, cerdos asilvestrados, incluso los koalas se revelan como unas bestias desalmadas. Todo ello va aderezado con tipismo australiano basado en el consumo desorbitado de alcohol, hombres rudos y curtidos por la dureza del desierto y/o aborígenes de aspecto lelo y ausente que timan a los europeos que se las dan de listillos. Además, Cook se describe a sí mismo siempre que puede como un individuo de barba poblada y gran tamaño (no llega a quedar claro si es corpulento, obeso o una mezcla de ambos), de carnes blancas y flácidas y en muy baja forma física. Supongo que así pretende provocar la simpatía del lector, presentandose como un gran oso simpático y bonachón al que dan ganas de abrazar y compadecer por su mala suerte. Pero de eso nada: se trata de un individuo con propensión a la ingesta de alcohol y muy débil de carácter, incapaz de decir que no(1). Esto hace que se vea envuelto en situaciones muy peligrosas que por norma habitual siempre se resuelven masacrando animales. Y lo que es resultado de una actitud irreflexiva y cobarde nos lo vende como un acto de supervivencia del más fuerte. En fin, puede que a quien le vaya el rollo paleolítico del macho cazador en un entorno hostil le hagan gracia. Yo desde luego no se la he encontrado, ni en el fondo ni en la forma.

Tenéis más comentarios sobre esta tomadura de pelo en El Placer de la Lectura, Un pickwickiano en Blandings y Me Libro. Con sus más y sus menos, todos recomiendan su lectura. Creo que a estas alturas del post huelga decir que yo no.

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(1) Pues sí, poco más o menos como el protagonista de Pánico al Amanecer.

2 may. 2013

Diarios - Joe Orton

Ya avisé cuando leí De la Cabeza a los Pies hace unos meses: Joe Orton fue todo un personaje durante los efervescentes años del Swinging London, así que la lectura de sus Diarios parecía obligada para cualquier aficionado a la cultura sixties (como es mi caso, claro está). Si la novela que reseñé en diciembre pasado no había por dónde cogerla, sus diarios, que abarcan el periodo comprendido entre diciembre de 1966 y agosto de 1967, se han revelado como un documento increíblemente interesante por varios motivos.

Por un lado tenemos los aspectos culturales: para cuando comienza la redacción de los mismos, Orton ya era un autor de éxito, considerado uno de los grandes renovadores del teatro en UK junto con Harold Pinter. Recibe premios y reconocimiento de crítica y público, escribe un guión para una nueva película con los Beatles que no llegará a rodarse, trabaja en adaptaciones televisivas de sus obras, se codea con lo mejor del mundo del espectáculo y la cultura de Londres.  Por otro, y centrándonos en las relaciones personales, Orton se ve lastrado por su amante Kenneth Halliwell, ambos envueltos en una enfermiza relación de codependencia. Se ve incapaz de dejarle porque es Kenneth, mucho más cultivado, quien a modo de mentor ha hecho de Orton el gran dramaturgo que ha llegado a ser. De hecho Orton le admira y defiende públicamente cuando sus amigos le critican, le considera terriblemente inteligente y una influencia irrenunciable en su obra. Sin embargo Halliwell tiene un carácter muy desagradable e insoportable, que empeora cada día más al percibir que se está quedando al margen de la nueva vida del gran autor. También a nivel sexual parecen bastante incompatibles: Orton es promiscuo a más no poder y realiza constantes incursiones en los lavabos públicos en busca de sexo rápido, mientras que Halliwell alardea de buscar un ideal de relación amorosa estable copia del modelo heterosexual (fidelidad, exclusividad sexual, etc.). Paradójicamente durante sus vacaciones en Tánger ninguno de los dos tiene el menor conflicto a la hora de montarselo a diestro y siniestro con jovencitos que se ligan en la ciudad, en fin... Este enfrentamiento constante de éxito y fracaso, talento y mediocridad, envidia e indiferencia, promiscuidad y represión sexual, termina como bien es sabido: Halliwell, que arrastraba una depresión grave y ya había manifestado comportamiento errático y violento, mató a Orton a martillazos el 9 de agosto de 1967, para a continuación suicidarse mediante una sobredosis de barbitúricos. Resulta inquietante leer ciertas entradas en el diario en las que el autor albergaba sospechas de que iba a dejar un bonito y joven cadáver.

Aunque el relato de las vacaciones de la pareja en la ciudad del norte de Marruecos llega a hacerse algo pesado por momentos (dos meses en los que se limitan a acostarse con chicos adolescentes, comer pasteles de hachís y relacionarse con la colonia autoexiliada de homosexuales británicos en busca de aventuras sexuales), los diarios son una lectura muy atractiva, pues nos permite contemplar la sociedad británica de los sesenta a través de los ojos de un famoso dramaturgo marica de orígenes humildes. Ahí es nada la combinación. Más reseñas sobre los diarios de Orton en Qué Leer, Bendito Atraso y Libros y Literatura.
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